Carlos Alameda, el profesor que caza los trabajos hechos con ChatGPT: los "vicios" de estilo que delatan a los alumnos como el uso de "los gerundios"

Carlos Alameda, el profesor que caza los trabajos hechos con ChatGPT: los "vicios" de estilo que delatan a los alumnos como el uso de "los gerundios"
Imagen de archivo: https://www.cope.es/

El uso de ChatGPT entre los niños y adolescentes españoles se ha triplicado en solo un año, situando a España a la cabeza de los países donde más se recurre a esta tecnología. 

Según estudios recientes, el 55% de los jóvenes que la utilizan lo hacen para realizar sus deberes. Ante esta realidad, el profesor de Lengua y Literatura de secundaria de bachillerato en la Comunidad de Madrid, Carlos Alameda, ha explicado en el programa ‘Fin de Semana’ de COPE su método para detectar estos trabajos y cómo ha adaptado su sistema de enseñanza.

Alameda, que también es doctorado en Periodismo, notó la presencia de la IA en los trabajos de sus alumnos apenas “15 días después” de su lanzamiento. 

Su método no se basa en complejos programas, sino en un análisis del estilo.

“Me puse a estudiar el estilo de ChatGPT, y me di cuenta de muchos de sus vicios”, ha señalado. 

Habilidad que desarrolló mientras preparaba la oposición de lengua castellana y literatura, donde tuvo que aprender a diferenciar el estilo de todos los autores de la lengua castellana.

De ahí que el profesor haya detectado algunos ‘vicios’ en los trabajos entregados por sus alumnos que delatan el uso de la IA. Algunos de ellos son el “uso del gerundio”, subrayando que es excesivo y se realiza con una estructura calcada del inglés. 

Otra de las pistas que señala es que “también tiende a utilizar más los pasados” asegurando que ChatGPT “tiende a olvidar el pretérito perfecto simple”. 

Además, la IA tiende a formular “sentencias filosóficas como muy muy exageradas”, del tipo “el problema no es tal, tal; si no es…” creando dicotomías que no siempre son tan claras en la realidad.

Sin olvidarnos tampoco de las coletillas “en resumen o en conclusión” que tanto se utilizan en inglés.

El principal problema, según Alameda, es que los estudiantes “están dejando que la inteligencia artificial haga todo el esfuerzo cognitivo”. 

Este fenómeno genera una “descarga cognitiva” que, a su vez, provoca una “deuda cognitiva”: al no realizar el esfuerzo mental que generaciones anteriores han hecho, el cerebro se adapta a la facilidad y se resienten capacidades básicas.

 “Tienen problemas, incluso para la comprensión lectora más básica, y también para el razonamiento más básico a la hora de escribir ellos por sí mismos”, advierte.

El docente ha constatado que esta facilidad provoca que “la memoria esté declinando” y que haya un “peor dominio de los contenidos”. 

Esta falta de asimilación se hace evidente cuando los alumnos realizan exposiciones orales.

“Ves que realmente no ha pasado el conocimiento por ellos, sino que lo han delegado por completo a la inteligencia artificial”, lamenta Alameda.

Para contrarrestar esta tendencia, Carlos Alameda ha transformado por completo su metodología. “Ya no pido trabajos escritos”, afirma. 

Ahora, la tarea para casa se centra en la fase de documentación e investigación, a la que aplica un enfoque periodístico.

Pide a sus alumnos que le traigan pruebas de su trabajo, como “grabaciones con sus familiares” o vecinos, para ver que “ellos se lo han currado”.

El foco se ha trasladado al aula, con más exposiciones orales y trabajo en clase para que los alumnos piensen y comprendan los textos junto al profesor. 

El objetivo es que vean la IA como “una especie de entrenador que les ayuda, que les da ideas, pero que no les hace el trabajo completo”. Por ello, anima a sus estudiantes “a que busquen su estilo propio” y no se dejen llevar por un lenguaje que nos hará “acabar hablando todos igual”.

Alameda conoce los trucos que existen para descubrir si un texto está hecho con IA, pero ha tomado una decisión consciente: “He renunciado a ser detective del plagio”. 

En lugar de perseguir el engaño, prefiere dedicar su tiempo a observar a los alumnos en clase, mandarles trabajos de investigación y ver “cómo piensan de verdad”, ya que las herramientas para copiar son cada vez más refinadas y es una batalla que da por perdida.