Series Prescindibles: ¿Nos están volviendo más tontos?

Series Prescindibles: ¿Nos están volviendo más tontos?
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Series Prescindibles: ¿Nos están volviendo más tontos?

Últimamente, me sucede con frecuencia: veo series que me resultan entretenidas, al menos lo suficiente para terminar una o dos temporadas, pero en pocas semanas las olvido casi por completo. No es que no recuerde detalles de la trama, sino que no tengo la sensación de haberlas visto.

Al principio, pensé que era un problema mío, de mi cerebro, incapaz de absorber más ficción entre novelas, películas y lecturas. Luego, consideré que quizás el problema radica en las series mismas, que parecen cortadas por el mismo patrón y construidas para el entretenimiento de mentes cansadas.

También he escuchado que muchos espectadores ven series mientras consultan sus móviles, lo que obliga a los guionistas a esforzarse por sorprender constantemente para captar su atención.

La distopía de Orwell hecha realidad

En “1984”, la novela de George Orwell, los “proles” (la población obrera semianalfabeta) son “alimentados” con canciones y novelas creadas por máquinas combinatorias. Estas máquinas montan tramas a partir de elementos simples y reconocibles, dando la apariencia de ser diferentes, pero lo suficientemente parecidas para que los espectadores se sientan cómodos. Cuando leí esto por primera vez, pensé que era imposible crear obras de esta manera sin que la gente lo notara y lo rechazara.

Ahora, hemos llegado exactamente a eso y no lo rechazamos, ni siquiera cuando lo notamos. Existen equipos de guionistas, asesorados por IAs, que inventan series largas y complicadas. Luego, un equipo de marketing crea la estrategia para vender ese “producto” a los espectadores. Lo único que importa es que funcione y dé dinero.

¿Por qué tantas series parecen iguales?

Seguramente por eso hay tantas series que parecen iguales, especialmente las estadounidenses o las inspiradas en la sociedad de USA.

Nos pasamos la vida viendo historias en las que la gente miente y no es quien dice ser, y de ahí parte todo el conflicto. Nos tragamos ese punto de partida con total naturalidad y luego seguimos aceptando cosas cada vez más absurdas.

No voy a hablar mal de series concretas. Todos hemos visto varias que eran calcos unas de otras, con asesinos en serie, personajes siniestros, policías corruptos, maridos y esposas que ocultan secretos, y agujeros de lógica que achacamos a que nos estábamos durmiendo en el sofá.

Estrategias narrativas que cansan

También me llama la atención esa tendencia de empezar la serie con una escena violenta o angustiosa, para luego retroceder a “Tres meses antes”. Esto significa que no creen que seamos capaces de mantener el interés si la historia empieza de manera suave y cronológica.

O bien, quienes inventan la historia no se sienten capaces de construir una trama que crezca en tensión e interés, atrapando al público poco a poco.

¿Nos estamos volviendo más estúpidos?

No quiero ser alarmista, pero tengo la sensación de que la mayoría de estas producciones costosas son cada vez más tontas, vacuas y repetitivas. Lo peor es que nos están acostumbrando a la basurilla.

No son tan horribles como para apagar la pantalla de inmediato, pero van calando en nuestra mente y nos van haciendo cada vez más estúpidos. Tal vez por eso hay quien las ve con el móvil en la mano: porque no le interesan realmente, pero sirven de ruido de fondo antes de dormir.

Me preocupa que el criterio artístico esté desapareciendo, que haya tantas producciones que solo aspiran a llegar a una gran audiencia y ganar dinero, despreciando la lógica, la creación de personajes creíbles, el sentido común y la coherencia.

La nostalgia del cine como arte

Hemos llegado a un punto en el que hay que producir novedades constantemente. No nos da tiempo a absorber ni un diez por ciento de lo que se produce. Nos olvidamos de series y películas que muchas veces son mejores, pero que ya no están en el apartado de novedades.

Durante un tiempo, el cine fue considerado el séptimo arte. Sin embargo, ahora, al ver algunas series y películas, tengo la impresión de que a muchos de los que trabajan en la construcción de estos “contenidos” no les importa el nivel artístico de lo que están haciendo.

Soy consciente de que existen obras magníficas que proporcionan reflexión y placer estético. ¡Menos mal que aún existen! Pero las otras, las que son todas iguales, las que confundimos unas con otras, las que no nos aportan nada más que un rato de no pensar demasiado… esas deberíamos tener la fuerza de apagarlas en cuanto notamos lo que son. Son tóxicas para nuestra mente, nos vuelven perezosos, descuidados, tontos.

“Una experiencia única e inolvidable”, escribió Canudo para cimentar la idea de que el cine es un arte. Inolvidable. Por eso me preocupa que se me olvide tan fácilmente lo que he visto.