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La esclavitud contemporánea: Más allá de la inmigración irregular
La esclavitud, una práctica que se remonta a los albores de la humanidad, persiste en el siglo XXI, desafiando las normativas internacionales que la prohíben. A pesar de los avances legales, se estima que en 2021 había más de 50 millones de personas sometidas a alguna forma de esclavitud en el mundo.
La Esclavitud como Metáfora Política
Desde la Antigüedad, y especialmente durante la Revolución Francesa, la esclavitud se convirtió en una poderosa metáfora para describir las relaciones de dominación. La libertad, su antónimo, emergió como el valor político central de Occidente. Sin embargo, la paradoja reside en que, mientras se proclamaba la libertad en Europa, la esclavitud se expandía en las colonias, reconfigurando el sistema mundial.
La historiadora Florence Gauthier señala que Robespierre fue uno de los pocos que se opuso consistentemente a la esclavitud. Tras la contrarrevolución de Termidor, Napoleón restauró la esclavitud en las colonias, demostrando su arraigo en el sistema económico y político de la época.
La Inmigración Irregular como Forma de Esclavitud Moderna
La persistencia de la esclavitud se manifiesta hoy en día en la llamada “inmigración irregular”. La búsqueda de una vida mejor, lejos de la miseria y en pos de la libertad, impulsa a miles de personas a abandonar sus hogares, enfrentando peligros y vulnerabilidades en el camino.
La regularización extraordinaria de inmigrantes anunciada por el gobierno español representa un avance significativo. Permitirá a cientos de miles de personas vivir sin el temor a la detención y deportación, acceder al mercado laboral formal, organizarse y negociar sus condiciones de trabajo.
Un Paso Hacia la Dignidad
Esta medida reconoce la dignidad de personas que han vivido durante años en los márgenes del sistema, contribuyendo a la economía española sin gozar de derechos básicos. Les otorga el derecho a una familia y a una existencia legal.
Si bien no se trata de un “acontecimiento histórico” ni de una “operación de sustitución del pueblo español”, como afirman algunos, esta regularización se alinea con procesos similares llevados a cabo en el pasado por gobiernos de diferentes ideologías. Garantizar derechos básicos a todos los residentes es un principio fundamental en una sociedad justa.
Fronteras y Migraciones: Un Mundo en Conflicto
La globalización, inicialmente vista como un proceso que diluiría las fronteras, ha revelado una realidad más compleja. Tras la crisis de 2008, las fronteras se han reforzado, creando una situación donde el capital fluye libremente, mientras que las personas enfrentan obstáculos para la movilidad.
Esta situación genera fronteras internas dentro de los Estados, donde los inmigrantes en situación irregular son vulnerables a la explotación laboral, a la sobrecualificación y a la brecha salarial. Se debaten dos fantasías contrapuestas: la migración “justo a tiempo” y la remigración masiva, ambas basadas en una visión instrumental de los migrantes como población sin derechos.
El Migrante: Un Obrero Sin Apellido
Los inmigrantes en situación irregular son una versión agravada de la figura del obrero que se ve obligado a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Trabajan, producen riqueza y sostienen la sociedad, pero sin derechos plenos y bajo la amenaza constante de ser prescindibles.
Jacques Rancière señala que la crisis del sistema industrial en Francia ha cambiado la forma de nombrar a los inmigrantes. El migrante actual es, en primer lugar, un obrero que ha perdido su apellido, despojándolo de su identidad y derechos.













