Hacer amigos más allá de los 30: ¿qué funciona para crear nuevos lazos?

Hacer amigos más allá de los 30: ¿qué funciona para crear nuevos lazos?
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Hacer amigos más allá de los 30: ¿qué funciona para crear nuevos lazos?

En una sociedad donde las responsabilidades laborales consumen gran parte del tiempo y la espontaneidad escasea, entablar nuevas amistades puede parecer una tarea ardua. Los círculos sociales se desdibujan a medida que las prioridades cambian y las etapas de la vida divergen.

La psicóloga Luz María Peña explica que las exigencias laborales y familiares reducen las oportunidades de interacción espontánea, alterando los contextos y prioridades. A diferencia de la época escolar o universitaria, los espacios compartidos donde los vínculos surgen de forma natural son menos frecuentes.

Investigaciones sugieren que se necesitan más de 200 horas de contacto durante seis semanas para forjar una amistad cercana, un tiempo difícil de conseguir después de los 30. Peña señala que a menudo esperamos que la amistad “aparezca” en lugar de construirla activamente, ya sea por temor a la vulnerabilidad, sobrecarga de responsabilidades o falta de tiempo para socializar.

La soledad no deseada afecta a una de cada cinco personas en España, según el Observatorio SoledadES, siendo las mujeres y los jóvenes los más vulnerables.

El poder de los nichos digitales

En la era de la inteligencia artificial y las relaciones online, muchos adultos recurren a internet para hacer amigos y ampliar su círculo social.

Elena, de 32 años, relata cómo conoció a sus amigas aficionadas al k-pop a través de Twitter. Creó una cuenta dedicada exclusivamente a perfiles relacionados con sus grupos de música favoritos, interactuando con otros fans hasta formar grupos de WhatsApp y finalmente conocerse en persona. A pesar del riesgo inherente a conocer desconocidos online, Elena considera que fue una “muy buena decisión”. Su pasión compartida por la música coreana sirvió como catalizador para una amistad que trasciende los gustos musicales.

Elena también probó Bumble BFF, una aplicación para conectar con amigos, pero solo mantuvo conversaciones superficiales con algunas personas.

Una actitud siempre abierta

Riccardo, de 33 años, se mudó a Madrid para cursar un máster. Aunque ya tenía algunos amigos en la ciudad, se unió a un curso de teatro de improvisación y a una tertulia de poesía para ampliar su red social e integrarse en la cultura madrileña. “Hacer teatro en otro idioma fue desafiante para mí y es muy divertido”, afirma Riccardo, originario de Italia.

Considera que la clave del éxito social radica en trascender el individualismo y entender que “nuestra vida no es una burbuja, sino un océano que va a unirse con otras personas”. Riccardo valora la importancia de tener amistades sinceras y duraderas, aunque reconoce que no es sencillo. A pesar de ello, ha forjado grandes amistades en Madrid y planea replicar su estrategia en su nuevo hogar en Praga.

Tomar la iniciativa

Irene, de 35 años, se sentía atrapada en la rutina trabajo-casa. Junto a su amiga Sandra, decidió organizar planes grupales en Barcelona para crear espacios de conexión entre mujeres. Las dos somos muy extrovertidas y nos encanta viajar y conocer gente nueva y pensamos que en una ciudad tan dinámica tenía que haber más chicas como nosotras”, explica.

Así nació Somos Aura, una comunidad que organiza cenas temáticas, caminatas en la montaña y otras actividades, asegurándose de que nadie se sienta excluido. Irene y Sandra planean expandir su modelo a otras ciudades como Madrid o Valencia.

Rebecca, junto a su amiga Cordelia, creó Lync en Madrid tras mudarse desde Los Ángeles y sentirse “totalmente perdida y aislada” durante meses. Su proyecto busca crear un espacio seguro para ayudar a mujeres internacionales a crear lazos lejos de casa.

Compartir una afición

Después de cuarenta años como docente, la jubilación obligó a José, de 65 años, a enfrentar la pérdida del contacto diario con sus compañeros. Para combatir el cambio en su rutina social, se inscribió en un taller de escritura en su urbanización. Este espacio le permitió conectar con personas con “vivencias e intereses paralelos”.

Lo que comenzó como un pasatiempo se ha convertido en un pilar emocional y de conexión con otras personas. “Nos vemos todas las semanas, compartimos libros, relatos y cañas (…) y nos reímos igual que si tuviéramos dieciséis años”, relata José.

José reconoce que la amistad en la edad adulta es diferente a la juventud, cubriendo una necesidad concreta de acercarse al prójimo y compartir momentos agradables. Sin embargo, la vida se vive con menos efusividad y fuerza que en la juventud.

Comunidad de viaje

Para Pilar, de 67 años, la jubilación fue una oportunidad para relacionarse de una nueva forma a través de excursiones y viajes grupales. “Viajamos con el grupo de jubilados de la UGT de Ávila y la gente, la verdad, es muy abierta, muy simpática, hemos hecho un grupo majo, todos de una edad similar”, afirma Pilar.

Los lazos creados en el grupo se extienden más allá de las excursiones, fortaleciéndose en su propia ciudad. “Nos juntamos y nos lo pasamos bien, nos comunicamos por WhatsApp y cuando se hacen actos en Ávila nos volvemos a ver y nos vamos a tomar una caña”, cuenta Pilar.

La ciencia y los testimonios coinciden: la amistad adulta requiere dedicación y no surge por casualidad, sino que se construye. La psicóloga Peña aconseja “no desistir cuando las situaciones no se dan como nos gustaría y entender que las amistades son algo que dependen de diversos factores y no son siempre un proceso lineal con resultados inmediatos”.