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Óscar Martínez: “Aún no hemos visto la etapa más violenta de Bukele
El periodista Óscar Martínez, redactor jefe de El Faro, se exilió a México un día antes de publicar una exclusiva que revelaba las negociaciones del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, con las pandillas. Martínez relata que lo que inicialmente se pensó como una medida preventiva, se ha convertido en su realidad permanente.
En mayo de 2025, descubrió que el gobierno planeaba incriminarlo a él y a sus colegas plantándoles drogas y acusándolos de asociación ilícita, impidiéndole regresar a su hogar.
El Faro, periódico fundado en El Salvador a finales de los 90, ha publicado algunas de las investigaciones periodísticas más importantes de Latinoamérica. En 2023, trasladó su sede a Costa Rica, y toda su plantilla en El Salvador (22 personas) se encuentra exiliada.
Martínez ha publicado recientemente “Bukele, el rey desnudo”, un perfil sobre el presidente salvadoreño, quien goza de un 80% de aprobación popular tras reducir la violencia de las pandillas a cambio de la supresión de derechos civiles.
“Es una popularidad real, pero atravesada por el miedo”, afirma Martínez, señalando que seis de cada diez salvadoreños temen represalias por criticar a Bukele.
El libro describe cómo, ante la disyuntiva entre seguridad y democracia, muchos salvadoreños han elegido la primera. Como resultado, en un país de seis millones de habitantes, hay casi 100.000 personas encarceladas. “No sería extraño decir que el 50% de las personas que están en prisión no pertenecen ni han pertenecido nunca a ninguna pandilla”, asegura.
Tras alcanzar tasas de 106 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2015, Martínez describe El Salvador como un país “sembrado de cadáveres”, con una población empobrecida y “desesperada” que solo se preocupa por sobrevivir. “La sociedad necesitaría que más gente tuviera el privilegio de reflexionar”, dice.
En este contexto surge Bukele, con un mensaje “simplista” que convence a la población de que la democracia ha fracasado. “Veníamos de la paz más violenta que el mundo ha conocido”, recuerda Martínez. “Y nos vendieron que la democracia no servía cuando realmente nunca hubo democracia de verdad”.
El ascenso al poder del “dictador”
El libro retrata a Bukele como un joven de familia acomodada, descendiente de inmigrantes árabes enriquecidos a través de negocios de publicidad, concesiones, alimentación e inmobiliarios. “Él ya nace privilegiado, en una familia rica”, explica el autor.
Bukele se involucra en la política desde joven, trabajando en las campañas del principal partido progresista de El Salvador a través de la empresa de publicidad familiar.
El futuro presidente demuestra una gran capacidad de adaptación, pasando de alabar al Che Guevara y al régimen de Nicaragua a convertirse en defensor del movimiento MAGA y de las criptomonedas. También utiliza las redes sociales, busca la viralidad y simula conversaciones con Dios para conectar con sus seguidores. “Bukele es, sin duda, un gran publicista. Tiene sentido de la oportunidad y sabe adaptarse”, señala Martínez.
Su ascenso al poder se explica, en parte, por los pactos que establece con las principales pandillas del país a partir de 2012. Bukele acuerda reducir los homicidios a cambio de dinero y votos, primero para obtener una alcaldía, luego la capital y finalmente la presidencia. “El primer paso importante en su carrera como político nacional lo da de la mano de las pandillas”, explica Martínez, describiendo el pacto como un “complot criminal” que permitía a las pandillas elegir a quién asesinar en las prisiones salvadoreñas.
Esta relación se rompe en 2022, cuando las maras asesinan a 72 personas en 24 horas, y Bukele decide enfrentarlas. “Suena muy frío decirlo así, pero ese fin de semana [las bandas] mataron de más”, recuerda Martínez. “Bukele necesita en ese momento un cambio de narrativa y opta por un Estado policial, en el que todavía estamos a día de hoy”.
Martínez denuncia que en este Estado policial, Bukele justifica su perpetuación en el poder con un discurso mesiánico. Paralelamente, él y su familia aumentan su patrimonio, adquiriendo tierras y multiplicando sus ingresos. “Pero a la población no parece importarle esto ahora mismo”, lamenta el periodista. “El tejido social estaba tan roto por la violencia de las pandillas, que se celebra en colectivo que no haya más bandas, pero se sufre individualmente por la pérdida de libertades”.
La dificultad de cubrir un país desde el exilio
A medida que Bukele se consolida en el poder y se desmantelan las garantías democráticas, los periodistas de El Faro abandonan el país ante el aumento de las amenazas y las visitas policiales. Desde mayo pasado, el medio cubre El Salvador desde el exilio. “Todavía nos estamos adaptando”, apunta Martínez, quien, como muchos de sus compañeros, fue espiado a través de su móvil con el spyware Pegasus.
Martínez explica que, desde su exilio, han aprendido que es más complejo de lo que pensaban, aunque a veces es más fácil obtener información desde el extranjero de antiguos funcionarios, fiscales y jueces en desgracia. “El exilio fue como una de las últimas consecuencias antes que la muerte o la cárcel”, apunta. “Nos puso en una posición bien rara, pero fue la última muestra de que estábamos dispuestos a hacer lo que había que hacer para seguir informando”.
Martínez se muestra pesimista sobre el futuro de su país. Bukele tiene solo 44 años y no tiene intención de dejar la presidencia. El año pasado redujo el presupuesto en salud y educación y aumentó el del Ejército, a pesar de que las pandillas están desarticuladas. “Aún no conocemos a un Bukele impopular. Cuando dejen de sonar los aplausos en la plaza, van a sonar las botas militares”, concluye. “No creo que hayamos visto todavía la etapa más violenta de Bukele”.













