El Museo del Prado restaura el emblemático ‘Pablo de Valladolid’ de Velázquez

NUEVO TITULO: El Museo del Prado restaura el emblemático 'Pablo de Valladolid' de Velázquez
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El Museo del Prado restaura el emblemático ‘Pablo de Valladolid’ de Velázquez

El Museo del Prado, en colaboración con la Fundación Iberdrola, ha iniciado la restauración y conservación de una de las joyas de su colección: el ‘Pablo de Valladolid’ de Diego Velázquez, pintado alrededor de 1635. La obra, que retrata a un personaje de la corte de Felipe IV, permanecerá fuera de su ubicación habitual en la sala 15 durante los próximos meses.

Un personaje de la corte y su misteriosa función

Este retrato forma parte de una serie realizada por Velázquez que representa a diversos personajes de la corte, incluyendo bufones y figuras de menor rango. Pablo de Valladolid, según documentos históricos, frecuentó los pasillos y salones de la corte entre 1632 y 1648, aunque su rol específico no está completamente definido. Se presume que era una suerte de actor o bufón encargado de entretener a los reyes y nobles.

El estilo y la técnica empleada sugieren que Velázquez pintó a este personaje entre 1632 y 1635, durante su primera etapa al servicio de Felipe IV.

Goya y Manet: La inspiración y la epifanía

Aunque en su época no gozó de gran relevancia, el ‘Pablo de Valladolid’ fue redescubierto por Francisco de Goya dos siglos después.

Goya admitió haberse inspirado en esta obra para su retrato de Francisco Cabarrús. Sin embargo, fue Edouard Manet quien experimentó una verdadera epifanía al contemplar la obra.

El impacto en Manet

Durante una visita al Museo del Prado en 1865, Manet quedó profundamente impresionado por el ‘Pablo de Valladolid’, lo que le llevó a replantear su propio estilo. En una carta a su amigo Henri Fantin-Latour, Manet describió la obra como “quizá el trozo de pintura más asombroso que se haya hecho jamás… El fondo desaparece; es aire lo que rodea al hombre, vestido todo de negro y lleno de vida”.

La influencia de Velázquez en Manet fue tal que lo llevó a cambiar radicalmente su estilo y a superar las críticas que recibía en París.

Su cuadro ‘El pífano’, pintado en 1866, es un claro ejemplo de esta transformación.

La ausencia de fondo en la obra de Velázquez, que sitúa al personaje en un espacio indeterminado, sin línea de horizonte ni elementos que definan el entorno, allanó el camino para el arte moderno, menos apegado a la realidad.

El proceso de restauración

Antes de iniciar la restauración, el Museo del Prado llevará a cabo una fase de análisis técnicos para profundizar en el conocimiento material y estructural de la obra. Estos estudios permitirán obtener una visión más precisa del proceso creativo y del estado de conservación.

Nuevas tecnologías para el análisis

La reciente incorporación de nuevos equipos de investigación permitirá un análisis más exhaustivo. Se utilizarán dos enfoques complementarios:

1. **Análisis material mediante XRF scanning:** Esta técnica no invasiva identifica los elementos químicos presentes en la superficie pictórica, proporcionando un mapa detallado de los materiales utilizados por Velázquez.

2.

**Reflectografía infrarroja multiespectral:** Este método permite examinar la obra a distintas longitudes de onda, revelando información oculta bajo las capas superficiales.

La documentación resultante será esencial para comprender la obra en profundidad y establecer las bases de una restauración ajustada a su realidad material y artística.