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Proteger a los menores exige enfrentarse a las plataformas digitales
El gobierno español está considerando prohibir el acceso de menores a las redes sociales, una medida que surge de la creciente evidencia científica sobre el impacto negativo de estas plataformas en el desarrollo infantil y adolescente. Si bien esta prohibición podría contener el problema, no lo resolvería por completo.
La lógica de las plataformas: maximizar el beneficio a costa de la atención
Las grandes empresas propietarias de las plataformas digitales, impulsadas por la maximización del beneficio, diseñan sus productos para capturar la atención de los usuarios el mayor tiempo posible. Innovaciones como el “scroll infinito” y algoritmos que priorizan contenidos emocionales y polarizantes están diseñadas para mantenernos enganchados, creando una arquitectura digital que organiza lo que vemos y durante cuánto tiempo.
Un problema que afecta a adultos y menores
Este problema no es exclusivo de la infancia. Los adultos también sufren las consecuencias, desde la pérdida de tiempo hasta efectos políticos más profundos. Los sistemas de recomendación refuerzan selectivamente los mensajes que confirman nuestras creencias, alimentando la polarización y la radicalización. Además, el consumo intensivo de redes sociales puede tener un impacto negativo en la salud mental, especialmente en contextos de precariedad laboral y estrés.
El factor político: la expansión de discursos de extrema derecha
Un elemento político de gran gravedad es que los propietarios de las principales redes sociales, como Elon Musk, están actuando como agentes activos en la expansión de los discursos de la extrema derecha. La degradación de la moderación, la tolerancia con la desinformación y la amplificación de contenidos reaccionarios contribuyen a crear un entorno informativo favorable a proyectos autoritarios.
Proteger a la ciudadanía frente a estas dinámicas es una cuestión de salud digital y de soberanía democrática. Los países europeos deben cuestionar modelos de negocio que tienen efectos políticos directos.
El impacto en los menores: mayor vulnerabilidad y presión sobre la imagen corporal
Los niños y niñas son especialmente vulnerables a los efectos de las redes sociales. Tienen menos capacidad para discernir qué es positivo y qué no, y son más fácilmente influenciados por los algoritmos. La presión sobre la imagen corporal es un problema especialmente grave, con la generalización de filtros y retoques que someten a los adolescentes a una competencia radicalmente intensificada.
Esta maquinaria de hiperconsumo captura la atención de los menores, generando un coste de oportunidad importante: tiempo que se deja de dedicar al juego, al aprendizaje, a la interacción social o al aburrimiento creativo.
Más allá de la prohibición: enfrentar el poder de las plataformas
No se trata de demonizar la tecnología, sino de ser conscientes de sus lógicas profundas y consecuencias. La prohibición del acceso de menores a las redes es un primer paso, pero el problema real es la arquitectura económica y política de las plataformas. Mientras la atención humana siga siendo un recurso explotable y la información una mercancía, los entornos digitales seguirán siendo tóxicos.
Proteger a la infancia exige enfrentar el poder de las empresas que han convertido la manipulación de nuestras emociones en el núcleo de su modelo de negocio. En un contexto de avance autoritario, defender la salud digital es defender la democracia.













