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Cinco años después de la explosión de IQOXE: El recuerdo persiste y la seguridad sigue siendo una preocupación
Han transcurrido cinco años desde la trágica explosión en el complejo petroquímico de Tarragona, un suceso que arrebató la vida a tres personas y dejó una profunda cicatriz en la comunidad local. Alfonso López, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Tarragona, rememora aquellos momentos de pánico y desinformación, sentimientos que aún persisten en la memoria colectiva.
Un recuerdo imborrable marcado por el miedo y la incertidumbre
López describe la experiencia como un “caos” absoluto, donde la falta de información y la ausencia de protocolos claros sembraron el miedo entre los vecinos. La explosión, vivida con “muchísimo miedo”, reveló la falta de preparación de la población ante este tipo de emergencias. “No estábamos preparados para ningún plan de protección y evacuación”, lamenta.
Barrios como Buena Vista, uno de los más afectados, aún miran con recelo la actividad del complejo industrial.
La conciencia de que la catástrofe pudo ser aún mayor sigue presente. “Tuvimos suerte, porque el reactor, la explosión se produjo para arriba. Si se fuera a producción lateral, habría sido algo, vamos, una masacre”, señala López.
Avances en seguridad, pero la preocupación persiste
Desde el accidente, se han implementado mejoras significativas en materia de seguridad. El plan de seguridad de Tarragona, Plaseqta, ha reforzado la participación vecinal e incorporado nuevas herramientas como una alarma para móviles, sensores de calidad del aire y una comunicación más fluida con Protección Civil.
“Si hay un plan de confinamiento, más o menos sabemos lo que hay que hacer”, afirma López, reconociendo los avances logrados.
Sin embargo, la principal preocupación reside en la seguridad interna de las empresas. López advierte sobre la necesidad de garantizar que se tomen las medidas adecuadas en las revisiones. Recuerda que la explosión de IQOXE fue consecuencia de “no hacer las cosas bien hechas” y que la compañía ya acumulaba sanciones previas. La incertidumbre sobre el cumplimiento de las normas genera inquietud entre los residentes.
La búsqueda de seguridad en un entorno industrial
Los vecinos son conscientes de los riesgos inherentes a la convivencia con un complejo industrial.
“Entendemos que cuando se vive al lado de una petroquímica, el riesgo 0 no existe, somos coherentes”, subraya López. Su demanda es clara: “Lo que queremos es vivir seguros”. Para ello, exigen un “plan íntegro de seguridad” que se aplique a todas las fábricas, garantizando la inversión necesaria para proteger a la población.
El doloroso retraso del proceso judicial
Uno de los aspectos más dolorosos para los afectados es la lentitud del proceso judicial. López denuncia la falta de comunicación por parte de la empresa y critica el aplazamiento del juicio hasta 2027.
“Contra más largo el juicio, es peor”, afirma, señalando que este retraso prolonga el sufrimiento de las familias que perdieron a sus seres queridos.
La sensación de abandono se agrava al ver cómo se pospone la rendición de cuentas. Para la federación de vecinos, este aplazamiento representa una “falta de respeto” hacia las víctimas y sus familias, manteniendo viva la herida de la tragedia en toda la comunidad. El sentimiento general es de hartazgo e indignación ante una espera que consideran injusta.













