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La práctica de Josep Lluís Mateo (Barcelona, 1949) siempre se ha caracterizado por un marcado ejercicio intelectual. Su incesante obstinación por desarrollar el pensamiento a través de la observación reflexiva y crítica, así como el autoanálisis con la arquitectura como eje central, se manifiesta en sus escritos, exposiciones, debates y publicaciones. Todo ello retrata a Mateo como un individuo profundamente lúcido que, lejos de buscar encajar sin conflicto en la realidad, prefiere afrontar los desafíos, problemas y contradicciones de su tiempo para pensar a través de ellos.
Mateo personifica esa combinación esencial de pensar y hacer, pero sobre todo, un pensar que se realiza a través del hacer. La exposición de su trabajo, ‘Obra Abierta’, organizada por el Colegio de Arquitectos de Cataluña, se presenta como una propuesta que revela el proceso creativo de Mateo como un viaje abierto, en constante transformación, que trasciende lo técnico para adentrarse en lo poético, lo intelectual y lo matérico, mostrando cómo lo físico y lo conceptual se entrelazan a través de procesos, representaciones y contextos.
Un Análisis Continuo y Colaborativo
Comisariada por María Figueras y Cristina Marcos (ACTO) junto a mateoarquitectura, esta muestra es un nuevo ejercicio en ese proceso inagotable de análisis que, como es habitual en él, acepta la colaboración y el reflejo de la mirada externa.
No se trata de una retrospectiva, sino de un instante detenido en un viaje en curso. Para Mateo, mirar atrás implica tomar conciencia del presente, analizar la continuidad, observar la respuesta a la circunstancia creada por cada proyecto y avanzar en su propio camino de profundización interna, reafirmando su trabajo y trayectoria como una ‘obra abierta’.
Transformar Necesidades
El concepto de ‘obra abierta’ adquiere una significación específica al aplicarse a cada proyecto. En palabras de Mateo: «La práctica de la arquitectura supone la transformación de necesidades, ideas, sueños e incluso delirios, en objetos físicos y matéricos. […] Nos enfrentamos a nuestro trabajo como una obra abierta, en cada caso a descubrir».
La muestra presenta una veintena de proyectos escogidos de entre una trayectoria de más de cuatro décadas, desplegados «con libertad, sin una jerarquía impuesta ni una cronología estricta», sin voluntad alguna de construir una «narrativa cerrada o retrospectiva».
Cada proyecto se presenta en una especie de ‘habitación’, formando un conjunto cuya planta sugiere una cierta impresión laberíntica, sin una dirección cronológica o conceptual evidente.
La voz de Mateo se encuentra presente en cada uno de estos pequeños y austeros ámbitos a través de un fragmento de texto que pudiera entenderse como la cúpula bajo la cual se presentan desplegados elementos clave para la comprensión del proyecto desde lo conceptual (en su estadio de proceso y desarrollo y/o en su culminación material). Dibujos, maquetas, vídeos y fotos han sido escogidos con suma precisión; apenas tres o cuatro documentos por proyecto, pero en los que se concentra con claridad el vigor conceptual de la idea y el proceso que hay en él.
La serie de monografías dedicadas a su obra expuestas en una mesa-vitrina debe verse no como una exhibición de prestigio y reconocimiento, sino como uso constante de Mateo del libro como otro territorio de trabajo, uno donde siempre se convocan voces ajenas, en diálogo con ellas y también recogiendo sus miradas e interpretaciones críticas como una savia que mantiene permanente vitalizado y activo su pensamiento.
Mateo, en una entrevista de hace más de una década, afirmaba: «En este momento, los valores ya no se discuten: se difunden o se venden». Es por ello por lo que hay quizá un cierto sentido de contracorriente en ‘Obra abierta’. Mateo no parece sentir la menor necesidad de complacer ni encajar forzadamente su arquitectura en los discursos y retóricas en boga, ni tampoco la de crear un marco donde envanecer su arquitectura.
Mateo es una de las figuras más destacadas de la arquitectura europea.
Esta exposición demuestra que la arquitectura intelectual y el arquitecto como intelectual siguen siendo no sólo posibles y vigentes, sino también muy necesarios. En la deriva puritana y simplificadora de estos tiempos, una figura sin temor a lo complejo como Josep Lluís Mateo sigue y debe seguir siendo una referencia ineludible.













