
La propuesta del gobierno español de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años ha generado un intenso debate. Para analizarla desde una perspectiva educativa, el pedagogo e investigador de bullying, Emilio Tresgallo, considera que, aunque la medida podría parecer positiva en un principio, la prohibición puede convertirse en “un acicate” para los jóvenes. Según explica, el deseo por lo prohibido, como ocurría con “las películas con doble rombo”, podría llevarles a querer asomarse a unas plataformas que “en definitiva les pueden perjudicar”.
Emilio Tresgallo califica las redes sociales como un “caballo desbocado” que “se nos ha escapado del armario”, un problema agravado con la llegada de la inteligencia artificial. Desde su punto de vista pedagógico, esta medida “llega bastante tarde”.
El experto critica la falta de acción política anterior, preguntándose quién ha auxiliado al alumnado y profesorado, que a su juicio se encuentran en la “UVI pedagógica desde el 2020”.
El investigador cuestiona el enfoque de los políticos, que ahora ponen un “gran énfasis” en proteger a los menores del “salvaje oeste digital”, una descripción que, según él, parece sacada de una novela. Tresgallo se pregunta de forma crítica: “¿Qué están haciendo los políticos por la escuela? ¿Qué están haciendo para aumentar la calidad educativa o por dar más formación al profesorado, al alumnado y a las familias?”. Incluso apunta que algunas voces informadas tildan la ley de “medidas disuasorias de otros problemas que pueden tener los políticos”.
Frente a los graves daños que un acceso temprano y sin control a internet puede generar, como el aumento de suicidios, agresiones y problemas de salud mental, Tresgallo insiste en que la solución no es sencilla.
Denuncia incongruencias como la introducción de iPads en las aulas que se llevan a casa sin control parental. Para él, la clave no es prohibir, sino educar: “Creo que el kit está en formar, no tanto prohibir”, afirma, defendiendo que la herramienta más eficaz es la que usaron “nuestros padres y nuestros abuelos”: educar en respeto y empatía.
El pedagogo también pone en duda las cifras de acoso que manejan las administraciones. Señala que mientras las cifras oficiales hablan de un 12% de acoso escolar y un 2-3% de acoso cibernético, lo que considera “inverosímil”, estudios de ONGs importantes “están diciendo que España está a la cabeza del acoso escolar”. Esta discrepancia, a su juicio, evidencia que “hay cifras que no casan” y que el problema podría ser mayor de lo que se admite.
Tresgallo subraya la responsabilidad de las familias en este ámbito.
Afirma con rotundidad que “no se le puede regalar un móvil a un niño de 10 años, porque no está preparado” para una herramienta que “puede matar psicológicamente a los demás”. La solución, para él, pasa por el diálogo en casa y, sobre todo, por dar ejemplo. “Si yo no quiero que mi hijo utilice el móvil ni a la comida, pues yo como padre, como madre, pues no debo utilizarlo”, explica, ya que la educación se transmite por “imitación”. Por ello, concluye que “una ley no va a solucionar el problema” por sí sola, sino que se requiere un esfuerzo conjunto del centro educativo, los docentes y, principalmente, la familia.













