
La historia de David Tejera representa la de muchos aficionados del CD Tenerife, pero sobre todo, es un ejemplo de lucha y superación. Con solo 21 años, este joven tinerfeñista acaba de recibir su tercer trasplante de riñón, una intervención que ha llegado tras toda una vida combatiendo una enfermedad renal detectada nada más nacer.
David nació con hipoplasia renal, lo que le llevó a un complicado camino médico desde el principio. Un primer trasplante donado por su madre no tuvo éxito “por una negligencia médica”, pero a los 4 años recibió un segundo riñón que le duró 13 años. Tras el rechazo, afrontó otros cuatro años y medio de diálisis, un proceso duro con múltiples complicaciones como pancreatitis y crisis hipertensivas.
“Recuerdo que hablamos en la radio cuando el Tenerife iba a jugar el playoff de ascenso a Primera, yo iba en la ambulancia”, cuenta.
A pesar de las dificultades, su pasión por el Tenerife nunca ha flaqueado. “El primer regalo que yo recibí cuando yo era pequeño en la cuna fue una camisa de Nino”, recuerda. Es abonado desde pequeño y miembro activo de la peña Los Tajinastes, a quienes considera “más que una peña, una familia”. Siempre que ha podido, ha estado en su butaca de Herradura Baja en el Heliodoro Rodríguez López.
“Le mando un saludo a mis amigos del sector Z y espero estar pronto ahí, con ellos”, explica.
El destino quiso que el día más esperado, el pasado 25 de enero, coincidiera con un partido de su equipo. Mientras David estaba en el quirófano, el Tenerife ganaba al Real Madrid Castilla. “Ese día estaba yo en quirófano, no pude ver el partido. Según me desperté de la anestesia, me lo dijo mi madre”, explica.
Fue una “doble victoria” para él y su familia.
Ahora, David afronta la recuperación con calma y optimismo. “Poquito a poco, evolucionando, tampoco tengo prisa”, asegura. Tiene claro que lo importante es que todo se asiente bien para poder seguir disfrutando de su vida, su familia y, por supuesto, de su club. Reconoce que aunque intentan controlarle durante los partidos, “la emoción me puede”.
Su mayor deseo es volver al Estadio.
“Según me den el alta, la semana siguiente estoy con mi mascarilla, sentado en mi butaquita”, afirma con ilusión. Su historia es un mensaje de fortaleza para otras personas en situaciones similares: “Siempre habrá un motivo para que uno dé el pasito y que te puedas sentir mejor día a día, y siempre hay fuerza de donde sacar”.
Finalmente, David pone en valor el sistema sanitario que le ha permitido seguir adelante. Envía un abrazo enorme “al equipo de nefrología del hospital de La Candelaria y del Hospital Universitario de Canarias” y pide “valorar más el personal sanitario que tenemos”, concluyendo con una reflexión clara: “Sin ellos no somos nada”.













