La Luz en la Noche: Reflexiones sobre Georges de La Tour

La Luz en la Noche: Reflexiones sobre Georges de La Tour
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La Luz en la Noche: Reflexiones sobre Georges de La Tour

La luz es un símbolo inseparable del cristianismo. Cristo se describe a sí mismo como la luz del mundo, y anima a sus discípulos a serlo también. El ser humano, inherentemente, busca la luz y huye de la oscuridad, un miedo primario que evoca temor e inseguridad. Sin embargo, el Evangelio de Juan reconoce que algunos eligen vivir en las tinieblas, rechazando la luz.

Para el creyente, la luz es vida, pues Cristo es la luz.

El Redescubrimiento de Georges de La Tour

Estas reflexiones surgieron tras visitar una exposición en París sobre Georges de La Tour (1593-1652), un pintor valorado en su época, especialmente por sus representaciones de santos y apóstoles. Tras caer en el olvido, fue redescubierto en el siglo XX. André Malraux describió su obra no como la pintura de la oscuridad, sino de la noche, “la parte serena de las tinieblas”. Esta acertada precisión revela que La Tour es más que un simple maestro de luces y sombras; su pintura transmite esperanza y una espiritualidad ausente en otros artistas como Caravaggio, cuyo tenebrismo naturalista carece de trascendencia, incluso en temas sagrados.

Una Luz Humana y Artificial

La luz en las obras de La Tour es artificial, emanada de cirios, velas y lámparas.

Sin embargo, es una luz serena que ilumina la noche con profunda humanidad, revelando a los seres humanos sin vergüenza. Los pobres, a menudo anónimos, protagonizan sus lienzos, retratados con dignidad como ancianos, campesinos, mendigos y músicos ciegos. Christian Birgin, en su novela “La chair et la lumière”, captura la esencia de la obra de La Tour: la luz ilumina la carne, al hombre, desde que el Verbo, la Luz, se hizo carne. La sabiduría se refleja en la frase: “es preferible ser una lucecita en la noche que un incendio en pleno mediodía”.

La Noche como Transición hacia la Luz

Georges de La Tour demuestra ser un pintor profundamente religioso, no solo por su compasión hacia los desfavorecidos, sino también porque su arte ilumina la vida de quienes lo contemplan.

La noche, en su obra, no esconde, sino que revela. Es un lugar de paso en el camino hacia la luz, un espacio de vela y oración, especialmente en las representaciones de apóstoles y santos. Esta noche pictórica no genera miedo, sino una íntima serenidad.

Las Negaciones de Pedro: Un Drama en la Noche

La noche también puede ser testigo de la caída humana. Las negaciones de Pedro, tema recurrente en el siglo XVII, también fueron abordadas por La Tour.

En un lienzo del museo de Nantes, un grupo de guardias juega a los dados en la noche, indiferentes a lo que sucede. Una joven criada ilumina con una vela el rostro de Pedro, un hombre asustado que niega conocer a Jesús. La luz que lo ilumina no es la de su maestro, y su expresión aterrada lo dice todo. Pedro se ha perdido en la oscuridad de la noche, aunque el arrepentimiento futuro iluminará su vida.

La obra de Georges La Tour es una invitación a la contemplación.

En su presentación compasiva de los desfavorecidos, se manifiesta la promesa de Isaías: “brillará tu luz en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía”.