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La vallisoletana Esperanza Prieto es un ejemplo de resiliencia. En poco más de una década, ha vencido tres tipos de cáncer: mama, ovarios y vejiga. Recientemente, recibió el alta definitiva, un hito que celebra con optimismo y una actitud positiva contagiosa.
El diagnóstico y la confirmación de la curación
En una revisión rutinaria, el pasado 22 de mayo, Esperanza escuchó las palabras que tanto anhelaba. Tras años de lucha, su médico le confirmó que no había rastro de tumores.
“Me preguntó qué veía y yo solo veía cicatrices”, relata. La incredulidad inicial dio paso a la alegría al escuchar al doctor afirmar: “Estás curada, no tengo cáncer”.
Un camino lleno de desafíos
El periplo de Esperanza comenzó en 2010, cuando se detectó un bulto en el pecho. Años después, un examen ginecológico reveló un cáncer de ovarios en etapa temprana. En 2020, un sangrado intenso condujo al diagnóstico de cáncer de vejiga, tras un error inicial que lo atribuyó a un cólico nefrítico.
Durante estos años, Esperanza se sometió a tratamientos agresivos como la quimioterapia y la BCG.
A pesar de los efectos secundarios, como la caída del cabello, su espíritu se mantuvo intacto. “El pelo le das importancia el primer y segundo día que se te caen las lágrimas, luego ya no le das ninguna importancia”, afirma.
El voluntariado como fuente de fortaleza
Una pieza fundamental en su proceso de recuperación ha sido su labor como voluntaria en la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Su conexión con la asociación se remonta al cuidado de su marido, también enfermo de cáncer. La AECC le brindó apoyo material y psicológico, y ella encontró en el voluntariado una forma de ayudar a otros y sentirse parte de una familia.
Una sonrisa como arma principal
Incluso durante su propio tratamiento, Esperanza siguió colaborando con la AECC.
Su lema es afrontar la enfermedad con una sonrisa, un gesto que considera esencial. “Yo siempre he ido con la sonrisa pintada y maquillada. Pintarme los labios es primordial, porque eso, no sé, a mí me da vida”, asegura.
Su mensaje final es claro y alentador: “No pienso hablar del cáncer con tristeza, pienso hablar siempre con una sonrisa pensando en que todo el mundo se va a curar”. Esperanza Prieto es un testimonio de esperanza y una inspiración para quienes enfrentan la adversidad.













