
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
CUATRO HISTORIAS DE AFECTADOS POR EL CAOS DE RODALIES EN CATALUNYA: “ADIF, DEVUÉLVEME MI VIDA
Miles de usuarios en Catalunya se manifestarán este sábado exigiendo trenes dignos. Se cumplen 18 días del inicio de la peor crisis en la historia de Rodalies, alterando la vida de 400.000 personas.
“Hacía mucho tiempo que avisábamos, si ha explotado es porque no estábamos bien. No hay ni información ni personal suficiente”, afirma Anna Gómez, portavoz de Dignitat a les Vies, plataforma convocante de la manifestación. Gómez subraya que la confrontación partidista distrae del verdadero problema: “El desbarajuste de los servicios públicos”. elDiario.es ha recogido los testimonios de cuatro personas afectadas por esta situación.
Virginia, con miedo a perder su trabajo
Virginia, de 51 años, vive en Cardedeu y trabaja en Barcelona. Depende de Rodalies para ir y volver de su casa. Las últimas semanas han sido un “sufrimiento” constante para esta mujer que teme perder su nuevo trabajo, aún en periodo de prueba. “Ha sido desesperante, angustiante… No puedo ni describirlo”, señala.
Sin coche y con horarios incompatibles con el autobús, Virginia se ve obligada a coger tres trenes antes de lo necesario para llegar a tiempo al trabajo, reduciendo sus horas de sueño. “Siempre me duelen las piernas, estoy muy cansada… Tengo unas ojeras que antes no tenía…”. Además, esta crisis ha afectado su conciliación familiar, perdiendo citas médicas importantes.
Virginia critica la desinformación del servicio y destaca la comunidad creada por los usuarios en un grupo de WhatsApp donde se ayudan mutuamente.
Lorena, teletrabajo por obligación
Lorena, de 49 años, se mudó a Reus para encontrar un alquiler más asequible, pero los constantes retrasos de la R15 la obligaron a teletrabajar. “Pasé un año sufriendo retrasos constantes, el tren iba mal o, directamente, no venía. Así que decidí pedir el teletrabajo. No lo hice por gusto, porque odio estar aislada en mi casa, pero era necesario”, explica.
Ahora se siente “encerrada” y quiere cambiar de trabajo, pero teme arriesgarse. Los trayectos podían durar el doble de lo normal, llegando a casa a medianoche. “Todo esto son derechos vulnerados. Los usuarios de Rodalies pagamos impuestos. ¿Para qué?”, se pregunta Lorena, que critica la politización de la situación.
Lorena afirma que depender de Rodalies le está afectando psicológicamente y pide a Adif que le devuelva su vida.
Jofre y los accidentados viajes hasta La Cerdanya
Jofre no utiliza Rodalies desde hace tres meses. Viajaba semanalmente de Barcelona a Puigcerdà, pero los habituales incidentes le hicieron buscar alternativas. En su último viaje, el tren salió con 45 minutos de retraso y los pasajeros tuvieron que cambiar de vehículo dos veces por averías, terminando en un autobús que no respetó las paradas.
“La necesidad de este transporte público existe para ir de La Cerdanya a Barcelona. El problema es que es ultradeficitario y no te puedes fiar”, lamenta Jofre, que se niega a usar el coche por el tráfico y los costes.
Ante estas incidencias, cada vez más usuarios optan por otras opciones, como la R4 en Manresa o un autobús en Berga, lo que implica desplazamientos adicionales.
Anna Gómez, activista y afectada
Anna Gómez, portavoz de Dignitat a les Vies, se unió a la entidad tras “sufrir” durante años los retrasos de Rodalies. “Igual la gente no lo entiende, pero va mucho más allá de que el tren vaya tarde”, resalta. Estos días, tras salir del trabajo en Barcelona, solo le quedan seis horas antes de que suene el despertador. “Mi vida es ir a trabajar, y ya está. No es sólo que no puedo quedar con amigos, sino que por no poder, no puedo ni ir a comprar”, se lamenta.
Además, llega tarde al trabajo casi todos los días, generando tensiones con sus compañeros. Anna reconoce que muchas incidencias se deben a la negativa de los maquinistas a prestar servicio, algo que considera “frustrante, pero necesario”. “Se quejan de cosas que, igual, no son tan graves, pero ahora que se ha torcido todo, aprovechan para hacer reclamaciones y se les tienen que entender. Han llegado al límite”, concluye.













