ESTOS SON LOS 3 PAÍSES DONDE MÁS RELIGIONES CONVIVEN UNIDAS (Y TODOS ELLOS ESTÁN EN ASIA)

ESTOS SON LOS 3 PAÍSES DONDE MÁS RELIGIONES CONVIVEN UNIDAS (Y TODOS ELLOS ESTÁN EN ASIA)
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ESTOS SON LOS 3 PAÍSES DONDE MÁS RELIGIONES CONVIVEN UNIDAS (Y TODOS ELLOS ESTÁN EN ASIA)

Mientras que en muchas partes del mundo la religión continúa siendo una fuente de conflicto, existen países donde ocurre precisamente lo contrario: la fe se convierte en un espacio compartido. No porque se diluya, sino porque se entrelaza, dialoga y coexiste. Tres ejemplos claros de esto se encuentran en Asia, donde, lejos del bullicio geopolítico, se han construido modelos cotidianos de tolerancia religiosa que funcionan.

No se trata de teorías ni de discursos institucionales, sino de calles donde un templo, una mezquita y una iglesia comparten la misma acera; de rituales que se respetan aunque no se practiquen; y de sociedades donde la identidad religiosa no es excluyente. Esta realidad cobra especial relevancia durante la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional, una iniciativa impulsada por la ONU para recordar que la diversidad de creencias no debería ser motivo de división.

Singapur: la convivencia como política de Estado

Singapur se destaca como un ejemplo avanzado de convivencia religiosa a nivel mundial. En un territorio de apenas 730 km², conviven budistas, cristianos, musulmanes, taoístas, hinduistas y personas sin afiliación religiosa, sin que ninguna fe domine el espacio público.

Aquí, la diversidad no es un mero adorno, sino que está regulada, protegida y plenamente aceptada. El Estado garantiza que todas las religiones tengan visibilidad y espacio, al mismo tiempo que establece límites claros para evitar la manipulación de la fe con fines políticos o identitarios.

Este enfoque se refleja en barrios como Chinatown, Little India o Kampong Glam, donde los templos no compiten, sino que coexisten armoniosamente. La religión forma parte del paisaje urbano, no del conflicto. En Singapur, la armonía interconfesional no es simplemente un ideal, sino una condición fundamental para la estabilidad social.

Taiwán: espiritualidad sin fronteras rígidas

Taiwán ofrece un modelo diferente, menos institucional y más orgánico. Aquí, las religiones se mezclan y se superponen, y en muchos casos, se practican simultáneamente. No es raro encontrar a una persona rezando en un templo budista, encendiendo incienso taoísta y participando en festividades populares de origen confuciano.

La isla combina budismo, taoísmo, confucianismo, cristianismo, islam y religiones tradicionales sin jerarquías notables. Los templos funcionan como centros sociales, además de espacios espirituales, y el respeto entre las diferentes creencias se da por sentado, sin necesidad de debates.

Esta flexibilidad explica por qué Taiwán es uno de los países asiáticos con mayor libertad religiosa y menor conflictividad interconfesional. Creer en Taiwán no implica tomar una posición en contra de nadie.

Vietnam: sincretismo como forma de vida

Vietnam lleva siglos practicando el sincretismo religioso, un concepto que aún se debate en otros lugares. Budismo, confucianismo y taoísmo conforman una base común a la que se suman el cristianismo, el islam y religiones propias como el caodaísmo, que integra elementos de diversas tradiciones espirituales.

En Vietnam, la religión es práctica, cotidiana y profundamente cultural. No se vive como un sistema cerrado de creencias, sino como un conjunto de rituales que acompañan la vida: nacimientos, funerales, festividades, memoria familiar.

Este enfoque ha permitido que diferentes credos compartan espacio sin fricciones. En muchas ciudades, pagodas e iglesias se encuentran a pocos metros de distancia, y las celebraciones religiosas se consideran patrimonio común, no símbolos identitarios excluyentes.

Un mensaje pertinente en la Semana Mundial de la Armonía Interconfesional

El hecho de que estos tres países se encuentren en Asia no es una coincidencia. En ellos, la religión históricamente no se ha entendido como una frontera, sino como un lenguaje. Esto explica por qué, en pleno siglo XXI, siguen ofreciendo modelos reales —no utópicos— de convivencia espiritual.

En una semana dedicada a promover el diálogo entre las diferentes religiones, Singapur, Taiwán y Vietnam nos recuerdan una verdad incómoda pero necesaria: el problema no reside en la religión en sí, sino en el uso que se le da. Allí donde la fe se vive sin miedo y sin imposiciones, la armonía no es un simple lema, sino una realidad cotidiana.