
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Ucrania enfrenta el invierno más duro de la guerra con un pueblo exhausto
El corresponsal de guerra Alberto Sicilia, desde Kiev, describe una situación desesperada en Ucrania tras casi cuatro años de invasión rusa. Este invierno se presenta como “el más duro de la guerra”, con una palpable sensación de agotamiento entre la población.
El infierno helado: Bombardeos y cortes de energía
Los bombardeos rusos dirigidos a las centrales térmicas han sumido a gran parte de la ciudad en la penumbra y el frío. Sicilia explica que el sistema energético ucraniano, con centrales por distrito, hace que los ataques tengan un impacto devastador. Con temperaturas que han alcanzado los 25 grados bajo cero, muchos hogares se enfrentan a temperaturas internas de 4 o 5 grados bajo cero.
Esta crisis energética ha provocado un éxodo hacia las zonas rurales, donde las cocinas de leña ofrecen un respiro.
Para quienes permanecen en la ciudad, los cortes de electricidad son una constante, limitando el suministro a escasas horas al día, a menudo en horarios intempestivos. Esta situación precaria dificulta las tareas más básicas y supone un grave problema para los ancianos que viven en edificios altos, privados de ascensores y dependientes de la ayuda de voluntarios para conseguir alimentos.
Una sociedad al límite
Más allá del frío implacable, Sicilia describe una sociedad agotada por el desgaste de la guerra. “Casi todo el mundo tiene, pues a un hijo en el frente, o a un padre, o a un hermano”, relata. El flujo constante de malas noticias pesa sobre la moral de la población, generando una profunda necesidad de que el conflicto termine lo antes posible.
El temor al día después
A pesar de la creciente preocupación, Sicilia lamenta la disminución de la atención mediática, especialmente en este momento crítico.
Pero su mayor temor se centra en el futuro inmediato. “Nos preocupa mucho qué es lo que va a pasar después, pero mucho, mucho. Me aterra qué es lo que puede pasar después”, afirma, refiriéndose a la titánica tarea de reconstrucción y a la reintegración de casi “un millón de chicos en el frente”, muchos de ellos con graves secuelas físicas para las que el país “no está preparado”.
Resiliencia en tiempos de guerra
En medio de la desolación, también emergen historias de una resiliencia asombrosa. Sicilia recuerda el caso de una madre de 28 años con cáncer terminal en Járkov, quien le confesó su firme determinación de “aguantar lo que sea para no morirme y no dejar sola a mi hija durante la guerra”.
Su único objetivo es resistir hasta que el conflicto termine, luchando para que su hija no se quede sola.
A pesar del cansancio generalizado, la vida en Kiev mantiene una apariencia de normalidad, con tiendas abiertas y tráfico en las calles, una muestra de la increíble capacidad de adaptación del pueblo ucraniano. “A mí me impresiona mucho cómo la gente consigue adaptarse a estas circunstancias”, concluye Sicilia.













