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HISTORIA DE JACA: DE LAS CORTES MEDIEVALES A LAS CÁRCELES DEL SIGLO XVI
Un recorrido por la historia de Jaca, realizado por el historiador Juan Carlos Moreno de la asociación Sancho Ramírez, conecta el presente electoral con los orígenes de las Cortes de Aragón, una de las instituciones más antiguas de España. Estas cortes, que surgieron en el siglo XIII, entre los reinados de Alfonso II y Pedro III, operaban de manera muy diferente al sistema actual.
La Representación Estamental en las Cortes Medievales
La representación en las Cortes medievales no se basaba en el sufragio universal, sino en un sistema de estamentos conocido como los cuatro brazos: la alta nobleza (condes y duques), la baja nobleza (hidalgos e infanzones), el clero y las ‘universidades’, término que designaba a las ciudades.
Jaca, como universidad, tenía representación propia a través de un síndico, una figura elegida por el consistorio para misiones específicas, como hablar con el rey o asistir a las cortes. La comarca jacetana, gracias a la representación del clero con figuras como el abad de San Juan de la Peña, se aseguraba al menos dos miembros en dichas cortes.
El Sistema Penitenciario en el Siglo XVI
Dejando a un lado la política, Moreno se centró en el sistema penitenciario de la época, específicamente en los presos civiles de las ‘casas de la ciudad’, el actual ayuntamiento. En 1529, Rodrigo de Escuer escapó mediante el método del butrón, un suceso que evoca la novela ‘El conde de Montecristo’.
Ese mismo año, dos bandidos fueron ahorcados en la horca de Torrijos, un evento al que asistieron cien personas armadas y que culminó con una invitación a pan y vino para los asistentes.
La ciudad estaba rodeada de advertencias para criminales, con horcas o picotas en puntos como el medio pañuelo y Monte Claraco.
Respeto por los Derechos y Vigilancia de los Reos
La historia también registra el respeto por ciertos derechos. En 1565, varios vecinos de Guasa, incluyendo a Juan Borrés, apelaron su detención en la cárcel de Jaca argumentando que estaban presos “sin pruebas contra ellos”. Este hecho recuerda al histórico derecho de manifestación aragonés, que impedía condenar a alguien sin ser juzgado.
La vigilancia de los reos era un problema constante para el concejo. En 1572, se discutía el alto coste de mantener a dos o tres guardias.
Tras considerar si la vigilancia debía ser solo nocturna, se optó por dejar la responsabilidad en manos del baile, exigiéndole que aumentara su “celo”. Esta ineficacia llevó al consistorio a valorar la Torre del Merino, actual torre de la cárcel, como una opción más segura y definitiva para albergar a los presos.













