Criar en entornos rurales: ventajas, desventajas y la realidad de las familias “neorrurales

Criar en entornos rurales: ventajas, desventajas y la realidad de las familias "neorrurales
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Criar en entornos rurales: ventajas, desventajas y la realidad de las familias “neorrurales

¿Cómo se organizan las familias que viven en zonas rurales o pueblos pequeños? ¿Existen diferencias entre las personas que han nacido allí y quienes se mudan desde la ciudad? Familias y expertas exploran las ventajas e inconvenientes de criar en el ámbito rural.

Eva Rodríguez, ganadera en Cesuras (A Coruña) y madre de una niña de 11 años, reflexiona sobre las ventajas de criar en el rural: “Aquí nos cuidamos todas a todos”. Señala que, aunque criar sola requiere mucha ayuda para conciliar, la flexibilidad de su trabajo como ganadera le permite contar con el apoyo de familiares, amigas y vecinas.

Según datos del INE y del Ministerio de Agricultura, más de siete millones y medio de personas viven en municipios considerados rurales, lo que representa aproximadamente el 15,5% de la población total en España. El INE también indica que la población rural ha aumentado en los últimos siete años, principalmente debido a la llegada de nuevos residentes.

Ruralidades diversas y ambivalentes

Las fuentes consultadas coinciden en que el entorno rural es diverso y complejo. Rosa Otero, psicóloga general sanitaria del proyecto En La Matriz, explica que no es lo mismo criar en una aldea de Soria que en las Alpujarras o en Asturias. El grado de aislamiento, la distancia a servicios urbanos, la llegada de nuevas familias y el turismo son factores que influyen en la crianza en el contexto rural.

Elena Plaza, periodista especializada en desarrollo rural, coincide en que existen diferentes tipologías de ruralidad, con particularidades en cada territorio. En Asturias, por ejemplo, hay poblaciones dispersas, concejos, cabeceras de comarca y zonas periurbanas, cada una con sus ventajas y desventajas.

Plaza, que vive en la zona rural de Oviedo, destaca que las zonas rurales ofrecen ventajas para crianzas con apego y alternativas. “Las relaciones sociales aquí permiten a los niños aprender de sus iguales y se dan aprendizajes intergeneracionales. Tienen espacio para aburrirse e inventar y mucho más contacto con la naturaleza”, afirma.

Eva Rodríguez también cree que vivir en una granja aporta beneficios a su familia: “La naturaleza y los animales son un parque enorme, para los niños criarse así es una pasada. Además, creo que aquí hay más solidaridad entre vecinos, más tranquilidad para vivir”. Sin embargo, señala inconvenientes como la carencia de servicios públicos y las distancias: “Tenemos colegio, pero no instituto, y para ir al pediatra tenemos que desplazarnos. Tampoco tenemos matrona, nos falta un servicio de continuidad. Tienes que disponer de coche privado, porque transporte público tampoco hay”.

Para Elena Plaza, las principales limitaciones se relacionan con los servicios de educación y sanitarios, así como la falta de actividades extraescolares. Sin embargo, esto puede compensarse con las “redes extensas de cuidados”, tanto con circuitos alternativos como a través de apoyo mutuo en el vecindario.

Familias neorrurales y “de toda la vida”

Rosa Otero destaca el fenómeno del neorruralismo: familias que se mudan al campo desde la ciudad y conviven con las vecinas “de toda la vida”. En algunos territorios este proceso se integra con facilidad, generando comunidad, mientras que en otros no tanto.

Es clave evitar visiones idealizadas de la vida en el campo. Aunque existen ventajas como el contacto con la naturaleza, “vivir en el rural también tiene sus límites”. En comunidades pequeñas la privacidad es menor y la información circula rápido. El acceso a recursos y servicios no siempre es sencillo y, en determinadas zonas, las inclemencias meteorológicas pueden implicar periodos de aislamiento real.

Otero añade que la vida rural suele exigir dedicar muchas horas a tareas básicas de mantenimiento, lo que afecta al tiempo disponible para compartir con los hijos. Además, el aislamiento puede pesar más en etapas como el posparto, los primeros años de crianza o la adolescencia.

Abel, padre de dos niños pequeños, se mudó a un pequeño pueblo de Ávila hace cinco años para estar más presente en la crianza. Al principio no les resultó fácil y la pareja terminó separándose. “Tampoco es todo precioso, no nos vamos a engañar. Ahora nos organizamos como podemos con los niños. Su madre y yo nos llevamos bien pero vivimos en pueblos distintos y eso complica un poco la logística”, explica.

Esther, que vive con su familia en mitad del campo en una localidad de Ciudad Real, reconoce que “ni mucho menos es todo perfecto”. Sus hijos van al colegio a la ciudad, ya que la escuelita del pueblo no coincidía con sus valores. “Nosotras somos veganas y todas las decisiones que tomamos en la vida tienen una parte política y de activismo”, asegura. Afirma que no se ha sentido especialmente juzgada por aplicar métodos de crianza alternativos, “aunque siempre seremos forasteras”.

Jose Herrero, portavoz de la Cooperativa de Salud COS, explica que “muchas familias valoran que criar en el rural les permite sostener proyectos de vida más coherentes con sus valores, aunque eso implique asumir retos adicionales”. Estos retos incluyen generar espacios de encuentro, confianza y aprendizaje compartido entre familias que viven en territorios rurales o remotos, así como fortalecer la capacidad de agencia de las familias en la gestión cotidiana de la crianza y la salud.

En el ámbito sanitario, Herrero destaca la importancia de las formaciones en primeros auxilios, ya que “muchas familias quieren contar con unos mínimos conocimientos y recursos para saber cómo actuar ante situaciones cotidianas” en pueblos donde el hospital más cercano está a más de una hora.

Nadia, madre de tres hijas que vive en un pequeño pueblo de Almería, reconoce que su situación criando sola “tiene pocas ventajas”. Aunque la vuelta al pueblo le ha simplificado la vida gracias al apoyo de su madre y amigas, nota que en el pueblo hay “poca vida”. “Apenas tenemos propuestas de ocio para los niños ni para los mayores. Y tampoco servicios: no tenemos ni pediatra ni urgencias, necesitamos el coche para todo”, lamenta.

La psicóloga perinatal Rosa Otero sostiene que es importante reconocer las ventajas y las limitaciones de los entornos rurales para evitar caer en idealizaciones que pueden generar frustración. “El rural puede ser profundamente enriquecedor y, al mismo tiempo, exigente. Ambas cosas conviven. Entenderlo así permite una mirada más realista, menos idealizada, donde el bienestar no depende solo del lugar en el que se cría, sino de cómo se entrelazan las condiciones externas con los recursos personales y relacionales de cada familia”, concluye.