UNA EJECUCIÓN CHAPUCERA: EL FALLIDO FINAL DE MARÍA ESTUARDO

UNA EJECUCIÓN CHAPUCERA: EL FALLIDO FINAL DE MARÍA ESTUARDO
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

UNA EJECUCIÓN CHAPUCERA: EL FALLIDO FINAL DE MARÍA ESTUARDO

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

La ejecución de María Estuardo el 8 de febrero de 1587 en Fotheringhay, Inglaterra, quedó grabada en la historia no por su precisión, sino por la torpeza de su verdugo. Testimonios de la época relatan una escena macabra, marcada por múltiples errores técnicos que prolongaron la agonía de la reina escocesa.

TRES INTENTOS FALLIDOS

Según el relato de Robert Wingfield, testigo presencial, el verdugo necesitó hasta tres golpes de hacha para completar la decapitación. El primer golpe, ejecutado con torpeza, apenas rozó la parte posterior de la cabeza de María, dejando una herida superficial sin lograr seccionar el cuello. La sangre comenzó a brotar, tiñendo la madera del cadalso.

El segundo intento tampoco tuvo éxito. El hacha impactó con mayor fuerza, pero aún sin lograr el objetivo. La escena se tornó aún más grotesca, con la víctima expuesta ante la mirada atónita de los presentes.

Finalmente, tras dos intentos fallidos, el verdugo volvió a alzar el hacha y atacó la zona que aún mantenía la cabeza unida al cuerpo. Wingfield describió que solo quedaba “un pequeño cartílago” que ofrecía resistencia. Un movimiento corto y poco preciso logró, por fin, separar la cabeza del cuerpo.

La falta de puntería transformó la ejecución en una serie de alzadas y bajadas del arma, contradiciendo la orden de Isabel I de Inglaterra, quien había solicitado un acto rápido y limpio.

DETALLES ESCABROSOS

Tras la decapitación, el verdugo levantó la cabeza para mostrarla a los presentes, siguiendo el protocolo habitual. En ese momento, la cabellera se desprendió, revelando que María Estuardo llevaba una peluca. Wingfield también anotó que los labios de la reina continuaron moviéndose durante aproximadamente un cuarto de hora, un detalle perturbador que contribuyó a la percepción de un final mal ejecutado.

UN PERRO ESCONDIDO

Cuando los asistentes comenzaron a retirar los restos y las vestiduras, descubrieron un pequeño perro que había permanecido oculto bajo las ropas de María Estuardo. Según Wingfield, el animal “no pudo ser sacado sino por la fuerza” y se tendió entre la cabeza y los hombros, empapado en sangre. El perro fue lavado aparte, al igual que los objetos manchados, mientras el cuerpo era retirado del lugar.

La ejecución de María Estuardo culminó con una serie de errores que prolongaron el acto y dejaron constancia de una chapuza que los testigos no olvidaron.