
LA ESTACIÓN PRÍNCIPE PÍO: UN TESTIGO SILENCIOSO DE LA HISTORIA DE MADRID
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La estación de Príncipe Pío, inaugurada en 1861, es un hito histórico en Madrid, testigo de innumerables eventos y transformaciones a lo largo del tiempo. Su nombre proviene de su ubicación, junto a la montaña que antiguamente se conocía como Príncipe Pío, donde hoy se levanta el Templo de Debod.
Un emplazamiento controvertido
La construcción de la estación en este lugar no estuvo exenta de controversia debido a su proximidad a la montaña y a la Casa de las Bombas, lo que limitaba su expansión. El edificio principal, cuya fachada aún se conserva, se puso en funcionamiento en 1882.
Hitos históricos y referencias literarias
Muchos desconocen que esta estación fue el escenario de importantes acontecimientos. Amadeo de Saboya abandonó Madrid por este lugar en 1873.
El cadáver de Cánovas del Castillo fue transportado a través de sus andenes. En 1929, destacados líderes europeos se reunieron allí con motivo de un encuentro de la Sociedad de Naciones. Incluso, en 1940, fue adornada con esvásticas para recibir a Himmler. Además, autores como Galdós, Alarcón y Pardo Bazán la mencionan en sus obras.
La Estación del Norte
También conocida como la Estación del Norte, Príncipe Pío era el punto de partida de los trenes hacia Bilbao y San Sebastián, pasando por ciudades como Ávila, Medina del Campo y Burgos.
Desde allí también partían las locomotoras de vapor que conectaban Madrid con Cantabria, Asturias y Galicia. Estas líneas fueron operadas por la Compañía de Caminos de Hierro del Norte hasta su absorción por Renfe en 1941.
Declinación y resurgimiento
Durante la Guerra Civil, la estación sufrió graves daños debido a su cercanía al frente. Su declive se acentuó con la inauguración de la estación de Chamartín a finales de los años 60, que centralizó los trenes hacia la cornisa cantábrica. Hoy en día, Príncipe Pío funciona como un intercambiador de transporte con cercanías, metro, autobuses y un centro comercial.
Arquitectura con historia
El proyecto del edificio principal, tal como lo conocemos hoy, se concibió en 1873.
Su arquitectura, con un gran reloj y una marquesina de cristal de 40 metros, reflejaba el estilo de las grandes estaciones francesas. En 1928, se amplió con la construcción de un segundo edificio orientado a la Cuesta de San Vicente, lo que facilitó el aumento del tráfico de pasajeros. La estación contaba con oficinas, una capilla y una sala real para Alfonso XIII.
Una reforma controvertida
Según el historiador Gonzalo Garcival, la reforma de los años 20 “sintió vergüenza de aquella arquitectura del hierro y ocultó su bello y frágil diseño con una falsa organización de órdenes clásicos y cúpulas de hormigón armado”. Esta crítica podría aplicarse a muchas estaciones modernizadas en esa época, que perdieron su encanto decimonónico.
Afortunadamente, algunas de estas reliquias del pasado aún se conservan y merecen ser protegidas.













