
LAS REFORMAS DE CARLOS V EN EL ALCÁZAR DE SEVILLA: UN PALACIO RENACENTISTA
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Tras su matrimonio con Isabel de Portugal en 1526, el emperador Carlos V consideró que el Alcázar de Sevilla no estaba a la altura de la etiqueta de la dinastía Habsburgo. Esto desencadenó una serie de reformas entre 1545 y 1547 para transformar la residencia islámica en un palacio renacentista digno del monarca.
Un estudio académico de Candela Gaitán Salinas y Sergio Ramiro Ramírez revela detalles de esta transformación, desde los planos arquitectónicos hasta las discusiones diarias de la corte en el siglo XVI.
LA OBSESIÓN POR LOS “ENTRESUELOS DE LAXAO”
Uno de los detalles más curiosos es la obsesión por los “entresuelos de Laxao”. “Laxao” era la forma andaluza de referirse a Charles de Poupet, señor de La Chaulx, un antiguo preceptor del emperador que había ocupado esas habitaciones. Carlos V decidió eliminar estas estancias y una capilla en la planta baja para ampliar sus propios cuartos privados.
CONFORT VS. CLIMA SEVILLANO
La búsqueda de confort del emperador chocaba con el clima de Sevilla. Un ejemplo es el incidente del “quitasol”, un toldo que protegía las habitaciones reales del sol. Tras ser retirado, el teniente de alcaide Antonio de Cárdenas insistía en que el lugar ofrecía vistas privilegiadas, aunque implicara soportar las altas temperaturas del verano sevillano.
Luis de Vega fue el arquitecto encargado de estas obras, destacando por su capacidad para gestionar la economía y adaptar lo existente, construyendo rápido y barato sin sacrificar la apariencia monumental.
LA TRANSFORMACIÓN DEL PATIO DE LAS DONCELLAS
El Patio de las Doncellas sufrió una notable transformación. Originalmente, tenía un jardín rehundido y una alberca en forma de H. Sin embargo, se decidió cegar la alberca debido a que “humedecía” los cuartos reales y hacía parecer pequeño el patio.
EL DILEMA DE LAS DAMAS DE LA CORTE
Otro desafío fue alojar a las damas de la corte. Se descartó ubicarlas sobre una gran sala para evitar que quedaran “entre los hombres”, buscando una ubicación más recatada cerca de los aposentos de la Emperatriz.
RECICLAJE Y AHORRO EN LAS OBRAS
La devoción religiosa de Carlos V también influyó, exigiendo una capilla palatina con vistas directas desde su habitación. Para ello, se “robaron” metros a la vecina Casa de la Contratación.
La gestión de Luis de Vega destaca por el reciclaje y ahorro. Se fiscalizaba el material sobrante y se vendían elementos como puertas y ventanas. Se buscaban materiales económicos y canteras locales para reducir costes.
La provisión de madera era peligrosa, con pinos talados en la Sierra de Segura y transportados por el Guadalquivir, una tarea arriesgada por las crecidas del río.
Tras los ladrillos, había una guerra administrativa, con planos que desaparecían. La desorganización y la falta de delimitación de competencias dilataron las obras.
Al pasear por el Alcázar, se admira un conjunto armonioso, resultado de soluciones de urgencia en el siglo XVI. Las intervenciones de Carlos V buscaron adaptar un viejo palacio a las necesidades de un imperio moderno, con ingenio y reciclaje.













