El auge de Elmyr de Hory, el famoso falsificador de arte hallado sin vida en Ibiza

El auge de Elmyr de Hory, el famoso falsificador de arte hallado sin vida en Ibiza
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

El auge de Elmyr de Hory, el famoso falsificador de arte hallado sin vida en Ibiza

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

En 1961, un hombre elegante y enigmático llegó a Ibiza, rodeado de mitos y falsedades. Su nombre real era Elemér Albert Hoffman, nacido en Budapest en 1906, aunque se hacía llamar Elmyr de Hory y afirmaba ser más joven. Su presencia no pasó desapercibida en la isla, que ya experimentaba el auge del movimiento hippie. Rodeado de intelectuales y bohemios, Elmyr se convirtió en el centro de los cotilleos de la comunidad de expatriados, en su mayoría extranjeros adinerados.

El escritor estadounidense Clifford Irving, amigo cercano de Elmyr, describió Ibiza como una isla encantadora, pero también como un lugar donde los asuntos de todos eran objeto de interés público. La comunidad de expatriados era como una “Naciones Unidas en miniatura de aspecto psicodélico”.

Elmyr de Hory, poseedor de un talento innegable para la pintura, se refugió en Ibiza huyendo de la justicia tras engañar a un coleccionista americano con un falso Picasso. No solo imitó a Picasso, sino también a otros grandes maestros como Monet, Matisse, Derain, Renoir y, especialmente, Modigliani.

Un pasado oculto y múltiples identidades

El misterio que rodeaba a Elmyr en Ibiza alimentaba la especulación de que había heredado una fortuna. Sin embargo, había utilizado varios pseudónimos a lo largo de su vida, como Elmyr de Hory o Dory-Boutin, Herzog, L. E. Raynal, Louis Nassau, Elmyr von Houry. Su homosexualidad y la persecución sufrida por su origen judío durante el fascismo lo llevaron a crear múltiples identidades falsas, todas ellas asociadas a una familia aristocrática en desgracia que se veía obligada a vender su colección de arte para mantener su nivel de vida.

Dos marchantes problemáticos

Después de años de estudio en academias de Bellas Artes y de intentos fallidos de triunfar como artista, Elmyr comenzó a copiar obras de grandes maestros. Marta Cuadros, directora del departamento de Pintura Contemporánea de la casa de subastas Segre, explica que, aunque ahora es más difícil, antes era “facilísimo” colocar falsificaciones gracias a la dificultad de detectarlas.

Su primera venta exitosa fue la de un boceto al estilo de Picasso a una amiga británica en París. Posteriormente, en Nueva York, conoció a un marchante que, junto a otro socio, se convirtió en distribuidor de su arte falso. Fernand Legros y Réal Lessard, quienes visitaban frecuentemente Ibiza, contrataron a peritos para confirmar falsamente la autenticidad de los cuadros.

Elmyr recibió un llamativo Mustang rojo oscuro descapotable como regalo. Sin embargo, cuando la Interpol comenzó a investigar el fraude de los marchantes, las sospechas recayeron inevitablemente sobre él. A pesar de su conocimiento de pigmentos, barnices, telas y bastidores (que inicialmente obtenía en el mercado de pulgas de París), los avances tecnológicos finalmente revelaron su engaño.

Su vida en Ibiza, hasta entonces despreocupada, llegó a su fin. Se rumoreaba que vendía sus falsificaciones en el mercado de Las Dalias a cambio de crédito para beber. Juanito, dueño del mercadillo, niega este rumor, pero confirma que Elmyr frecuentaba el lugar y solía sentarse junto a la chimenea.

En la primavera de 1967, Elmyr, angustiado, buscó a Clifford Irving, autor de ‘Fake! The Story of Elmyr de Hory the Greatest Art Forger of Our Time’, quien se había convertido en uno de sus amigos más íntimos. Irving, también involucrado en fraudes, era una de las personas más cercanas al falsificador.

Preso en la cárcel

Tras destaparse gran parte de sus falsificaciones, el Tribunal de Vagos y Maleantes, encargado durante el franquismo de perseguir a personas consideradas antisociales, comenzó a investigar a De Hory por convivir con delincuentes. Legros, uno de sus promotores, ya era conocido por múltiples estafas en el mundo del arte. Elmyr y Legros vivían juntos en la villa La Falaise, donde tenían un estudio secreto que servía de taller a Elmyr.

Además, a pesar de los rumores sobre su origen aristocrático, Elmyr apenas tenía medios para subsistir. El tribunal de Ibiza lo juzgó por homosexualidad, convivencia con criminales y falta de medios de subsistencia, lo que le llevó a ingresar en el centro de detención de la isla, conocido como el hotel Naranjo. Pasó dos años allí, charlando con sus amigos como si estuvieran en un bar. En 1968 fue liberado, pero su periplo judicial continuó, ya que las autoridades lo investigaban por miles de falsificaciones. El caso llegó a la Audiencia Provincial de Palma, que consideró su extradición a Francia.

La Falaise y un suicidio con barbitúricos

Al salir de prisión, se le concedieron solo dos semanas para cerrar su villa en Dalt Vila, construida por el arquitecto Erwin Broner. Después, tuvo que abandonar la isla durante un año, viviendo en Torremolinos (Málaga).

Tras este período, regresó a Ibiza, donde ya se le vinculaba con varias falsificaciones en Estados Unidos y Francia. Sin embargo, como España aún no tenía acuerdos de extradición con Francia, se acogió a su nueva identidad: la del falsificador de arte que había engañado al mundo. Intentó vivir de su obra original, pero sin éxito.

Irving y De Hory aprovecharon su fama para protagonizar el documental de Orson Welles ‘F for Fake (1973)’, con escenas grabadas en la isla, que cuestionaba la superioridad de las obras originales sobre las copias.

Muchas de las obras de Elmyr, tanto falsificaciones como originales, forman parte de colecciones privadas en Ibiza. El Consell d’Eivissa también posee ocho trabajos del autor. Su obra se ha revalorizado en los últimos años debido al “mito y al morbo”, según Cuadros.

Su historia lo ha convertido en un referente en la historia del arte, y desde los años 2000, cuadros con su firma se venden por cada vez más dinero. Un bodegón suyo, atribuido al pintor cubista Juan Gris, se vendió por 7.500 euros en una casa de subastas. Esta tendencia ha llevado a que el falsificador sea ahora, a su vez, falsificado.

Aunque la posibilidad de ser extraditado lo mantenía en un estado constante de nerviosismo, la pesadilla de Elmyr se hizo realidad en 1976. Mark Forgy, su asistente personal, le avisó de que España y Francia habían llegado a un acuerdo para juzgarlo por fraude. Poco después, Forgy encontró su cuerpo en la mansión y lo trasladó a la Policlínica Nuestra Señora del Rosario, en Vila, donde falleció. De Hory dejó una incógnita entre sus amistades: ¿Fue su muerte su última falsificación?