¿Podremos perdonar a Chomsky?

¿Podremos perdonar a Chomsky?
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

¿Podremos perdonar a Chomsky?

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

La revelación de los vínculos entre Noam Chomsky y Jeffrey Epstein ha generado una gran controversia. Chomsky, quien no ha cometido ningún crimen, se sentó a la mesa del magnate, se alojó en sus apartamentos e intercambió mensajes con él. Su esposa, Valeria, ha enmarcado esta relación como una consulta financiera privada y encuentros académicos, atribuyendo la buena disposición de Chomsky a su “buena fe” y “carácter confiado”.

Un ídolo caído

A los 97 años, afectado por un ictus, el gran lingüista y activista se ha convertido en un ídolo caído. Es injusto e inevitable. Si uno de esos desconocidos comete crímenes horrendos, no hay manera de mantener la puerta cerrada. Ese Chomsky, quizás el más humano, el más frágil, el más parecido a nosotros, no puede ser ya nuestro compañero intelectual ni nuestro referente moral.

Una pena inconsolable

La idea produce una pena inconsolable, aumentada por la ilusión literaria de “conocer” a Chomsky. Durante décadas, se ha leído tanto al lingüista revolucionario como al intelectual comprometido contra el imperio estadounidense.

En los años 80, el debate entre Foucault y Chomsky mostró dos visiones del mundo. Foucault hipnotizó con su amoralidad postmoderna, mientras que Chomsky convenció con su universalidad ilustrada. Esta universalidad contra la irracionalidad, la violencia y el cálculo depredador nutrió el antiimperialismo de dos generaciones de izquierdistas.

Críticas y contradicciones

Es cierto que no siempre se ha estado de acuerdo con Chomsky. A veces, por ser más leninista que anarquista; otras, por parecer cegado por el poder de Washington, impidiéndole reconocer otras fuentes de injusticia. Sin embargo, Chomsky se había ganado una muerte limpia y una despedida multitudinaria con su obra y generosidad militante.

El último gesto

Aristóteles decía que ninguno puede decir que ha tenido una buena vida hasta el momento de su muerte, porque es el último gesto el que define y resume toda la existencia. Por eso conviene morir joven, o elegir ese último gesto definitivo antes de morir. La historia de Chomsky no es la historia del magnate violador, pero éste la contamina hacia atrás como una epidemia retrospectiva.

El poder y la inteligencia

La inteligencia es adicta al poder porque el poder aumenta la inteligencia. El poder puede y lo puede todo. En su máxima expresión, el poder absorbe con tanta naturalidad en los cuerpos sus propiedades que los poderosos son objetivamente más guapos, ingeniosos y generosos. No estoy seguro de que nosotros no nos hubiésemos dejado seducir también por Epstein si él hubiese sentido el menor interés por conquistarnos.

Pensamiento vs. Inteligencia

Chomsky siempre tuvo una virtud: su extraordinaria capacidad para el pensamiento. Y siempre tuvo un defecto: su enorme inteligencia. La inteligencia es abstracta y, por tanto, siempre artificial; une datos, conecta sinapsis, resuelve dilemas lógicos y acaba cautiva de sí misma. Está separada de la tierra y de su ética pedestre.

Pensamiento e inteligencia no son facultades contiguas sino a veces opuestas. Chomsky, que pensó mucho contra el poder, cedió a veces a la tentación de la inteligencia, cuyo mayor acopio lo detentan los poderosos. Es terrible pensar que algunas intermitencias de inteligencia han podido dañar de manera irreparable toda una vida de pensamiento.

¿Perdonar y admirar?

¿Podemos perdonar a Chomsky? Sí, debemos hacerlo. ¿Lo podemos admirar? Ya no, y esto es lo que más piedad nos produce; obligados a medirnos con nuestra propia fragilidad. Este desenlace inesperado nos deja dos aprendizajes: debemos ser más compasivos y menos admirativos. Cuanto más admiramos más odiamos.

Compasión siempre; admiración sólo hacia algunas madres valientes y hacia la muerte de Sócrates.