La Revalorización de Pensiones en España: ¿Un Aumento Real o un Espejismo Fiscal?

La Revalorización de Pensiones en España: ¿Un Aumento Real o un Espejismo Fiscal?
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La Revalorización de Pensiones en España: ¿Un Aumento Real o un Espejismo Fiscal?

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La revalorización de las pensiones, una medida gubernamental destinada a proteger el poder adquisitivo de los jubilados frente a la inflación, no siempre se traduce en una mejora tangible para sus economías.

El Impacto del IRPF

El principal obstáculo reside en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). Al aumentar la pensión, también se incrementa la cantidad adeudada en impuestos, lo que significa que una parte considerable del incremento regresa a las arcas del Estado. Este recorte puede alcanzar hasta el 43% del aumento en algunos tramos.

Aunque la pensión nominalmente aumenta, muchos jubilados perciben que el incremento real es menor de lo esperado, generando una sensación de pérdida y frustración.

Cómo Tributan las Pensiones

Las pensiones se consideran rendimientos del trabajo a efectos del IRPF. Esto implica que cualquier aumento en la pensión automáticamente incrementa la base imponible del contribuyente.

La revalorización anual puede llevar a que muchos pensionistas paguen más impuestos, e incluso que entren en tramos superiores del IRPF.

Como resultado, una porción del aumento se ve neutralizada por las retenciones fiscales.

Este fenómeno, conocido como “progresividad en frío”, se repite cada año. Los ingresos aumentan, pero los tramos impositivos no se ajustan al mismo ritmo que la inflación, lo que provoca que el contribuyente termine pagando más sin que su poder adquisitivo mejore significativamente.

Según análisis económicos, Hacienda podría quedarse con entre el 32% y el 37% de la subida en pensiones medias y altas, y hasta un 43% en algunos casos de pensiones más bajas.

¿A Quién Afecta Más?

El impacto fiscal varía según el importe de la pensión y la situación personal de cada jubilado. Los más afectados son los pensionistas con rentas bajas que superan por poco el mínimo exento, quienes cobran pensiones medias y pasan a un tramo superior del IRPF, y las personas con pocas deducciones o cargas familiares.

Por ejemplo, un pensionista que percibe alrededor de 1.200 euros al mes podría ver cómo una subida de 30 euros se reduce a poco más de 15 después de impuestos. En el caso de una pensión cercana a los 1.800 euros, el recorte podría alcanzar el 40%.

Por el contrario, quienes perciben pensiones muy bajas y están exentos del IRPF apenas notan este efecto, mientras que los jubilados con ingresos más altos suelen asumirlo como parte de su carga fiscal habitual.

La Perspectiva del Gobierno

El Gobierno defiende la revalorización como una garantía contra el aumento del coste de la vida.

Sin embargo, el sistema fiscal actual hace que una parte del esfuerzo presupuestario regrese directamente a las arcas públicas.

De esta manera, la subida anunciada se convierte en un ajuste parcial que no cumple completamente las expectativas de muchos pensionistas. Para ellos, el aumento es más visible en los titulares de prensa que en su cuenta bancaria.

Advertencias de los Expertos

Expertos en fiscalidad llevan años advirtiendo sobre este problema, que se repite cada vez que se actualizan pensiones o salarios sin una reforma paralela del IRPF.

Una de las principales consecuencias es la pérdida real de poder adquisitivo. Aunque la pensión aumente en cifras oficiales, el impacto de los impuestos y de la inflación reduce su efecto práctico.

Esta situación alimenta la sensación de inseguridad entre los jubilados, quienes perciben una desconexión entre los anuncios políticos y su realidad diaria. La falta de claridad sobre cuánto se cobrará realmente después de impuestos refuerza la desconfianza en el sistema.

Para muchos pensionistas, la revalorización no supone una mejora sustancial, sino un ajuste que apenas se nota en el día a día.

Un aumento que, en demasiados casos, se diluye antes de llegar al bolsillo.