El fin de una era: La caída del Sha y el ascenso de Jomeini en Irán

El fin de una era: La caída del Sha y el ascenso de Jomeini en Irán
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El fin de una era: La caída del Sha y el ascenso de Jomeini en Irán

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El 16 de enero de 1979, Mohammad Reza Pahlaví, el Sha de Irán, abandonó el país junto a su familia, poniendo fin a cuatro décadas de poder absoluto respaldado por Estados Unidos y potencias occidentales. Su partida, presentada como “vacaciones”, fue en realidad una huida ante el inminente colapso de su régimen.

Con la salida del Sha, se cerró el capítulo de la monarquía iraní y se abrió paso a la revolución islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini, un evento que transformaría radicalmente el panorama político de Oriente Medio.

De “isla de estabilidad” a dictadura en decadencia

A pesar de que un año antes, el presidente estadounidense Jimmy Carter había descrito a Irán como “una isla de estabilidad”, la realidad era que esa aparente estabilidad ocultaba una dictadura sustentada por el ejército y el Savak, el temido servicio secreto, responsable de miles de detenciones, torturas y ejecuciones.

La riqueza generada por la exportación de petróleo contrastaba con la creciente desigualdad social y la represión política. El Sha destinaba los ingresos del crudo a la compra de armamento estadounidense, buscando convertir a Irán en una potencia militar en el Golfo Pérsico, en lugar de una democracia moderna.

La Revolución Blanca y el auge del descontento

Desde los años sesenta, Pahlaví había impulsado la “Revolución Blanca”, un programa de modernización y occidentalización que promovía la educación femenina, reducía el poder del clero chií y fomentaba un estilo de vida occidental. Sin embargo, estas reformas, impuestas desde arriba, chocaban con la profunda religiosidad de una sociedad tradicional.

La modernización económica no se tradujo en libertad política, y la población rural y las clases medias empobrecidas comenzaron a ver en el régimen un símbolo de corrupción y servilismo hacia el extranjero.

El ayatolá Jomeini: líder de la oposición

En este contexto, emergió la figura del ayatolá Jomeini, exiliado desde 1964 por su oposición al Sha.

Desde Irak y luego desde Francia, Jomeini se convirtió en el portavoz del descontento, uniendo a islamistas, nacionalistas y comunistas.

En enero de 1978, un artículo ofensivo contra él desencadenó una ola de protestas y represión que dejó cientos de muertos. La violencia se intensificó, especialmente tras el “Viernes Negro” del 8 de septiembre, cuando las fuerzas del régimen dispararon contra manifestantes en Teherán.

La espiral de represión y resistencia terminó por quebrar la autoridad del Sha, que en los últimos meses de su reinado se mostró incapaz de decidir entre la mano dura y la conciliación. Las potencias occidentales, a su vez, le retiraron su apoyo.

En octubre de 1978, Jomeini fue expulsado de Irak y se refugió en un pueblo cerca de París, desde donde coordinó la insurrección y se proyectó como líder espiritual. El 1 de febrero de 1979, regresó triunfalmente a Irán, recibido por cinco millones de personas en Teherán, una imagen que simbolizó el colapso definitivo del antiguo orden.

El gobierno del primer ministro Shapur Bajtiar, el último intento de salvar la monarquía, se desmoronó en cuestión de días.

La República Islámica y sus consecuencias

La instauración de la República Islámica fue inmediata.

En marzo, un referéndum aprobó el nuevo sistema, y Jomeini se erigió como Líder Supremo, una figura con poder por encima de cualquier institución.

Se crearon los Tribunales Revolucionarios y la Guardia Revolucionaria Islámica, organismos encargados de eliminar toda oposición. La prensa crítica fue clausurada, y la Constitución de diciembre de 1979 consagró un régimen teocrático en el que la autoridad religiosa se situaba por encima de la voluntad popular.

En ese mismo año, estalló la crisis de los rehenes en la embajada de Estados Unidos, cuando estudiantes islámicos tomaron a 52 diplomáticos como prisioneros durante 444 días. Jomeini aprovechó la situación para consolidar su poder, mientras la administración Carter se hundía políticamente. La ruptura entre Teherán y Washington se volvió irreversible, marcando el inicio de una hostilidad que perdura hasta hoy.

El régimen revolucionario pronto mostró su rostro más duro.

Miles de opositores fueron ejecutados o encarcelados. La mujer, que había avanzado en derechos bajo el Sha, fue sometida a las estrictas normas del islam político.

La guerra con Irak (1980-1988), apoyada en secreto por Estados Unidos, agravó la tragedia, cobrándose más de un millón de muertos, destrucción masiva y una sociedad exhausta.

La caída del Sha y el ascenso de Jomeini marcaron el fin de un régimen y el nacimiento de una nueva era en Oriente Medio. Irán pasó de ser un aliado occidental a convertirse en el eje de un islam radical y político que cambiaría la historia de la región y cuyas consecuencias aún resuenan más de cuatro décadas después.