
Cuestionando la Libertad en el Mundo Digital: Una Respuesta a Pavel Durov
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La reciente declaración de Pavel Durov, CEO de Telegram, sobre los riesgos para la libertad que implican las medidas regulatorias del gobierno español para proteger a menores de 16 años en redes sociales, ha generado un debate sobre el concepto de libertad en el entorno digital.
¿Qué Entendemos por Libertad?
La noción de libertad se ha convertido en un concepto central, pero a menudo degradado, en el debate público. Se utiliza para justificar la especulación inmobiliaria, la evasión fiscal y la mercantilización del cuerpo humano, además de la contaminación ambiental. En nombre de esta misma “libertad”, se ha construido un ecosistema digital que genera adicción y dependencia desde edades cada vez más tempranas.
Existe una tradición política que entiende la libertad no como la ausencia de límites, sino como una práctica colectiva y una responsabilidad compartida. Implica la construcción deliberada de condiciones materiales e institucionales que la hagan efectiva para todos. Esta concepción podría ser incómoda para figuras como Durov, cuya fortuna personal le permite influir en millones de personas con un solo clic.
La Libertad en la Era de los Algoritmos
La visión de Durov, que reduce la libertad a la ausencia de interferencia estatal, parece obsoleta frente a los desafíos actuales. Sistemas predictivos y algoritmos dirigidos por el lucro, como los utilizados por las redes sociales más populares, condicionan las decisiones y el pensamiento de niños y adolescentes.
En este contexto, surge la pregunta: ¿qué autonomía y criterio pueden desarrollar los jóvenes? El problema no es solo la privacidad, sino la construcción de condiciones materiales, institucionales y culturales que permitan una capacidad real de decisión autónoma.
El Estado y la Regulación de las Redes Sociales
Durov presenta al gobierno español como un Leviatán controlador. Sin embargo, la realidad muestra que el poder público en las democracias liberales a menudo actúa con cautela, condicionado por el temor a equivocarse y por fuerzas económicas y privadas que limitan su capacidad de iniciativa.
Las derivas autoritarias que Durov atribuye a una mayor regulación de las redes sociales ya son visibles en países donde estas plataformas han desempeñado un papel central en el ascenso de fuerzas políticas que simplifican el debate público, promueven el odio y erosionan la convivencia democrática. Son estas redes, más que la regulación estatal, las que están debilitando la confianza en la democracia.
La Paradoja de la Tolerancia
Es importante recordar la paradoja de la tolerancia, planteada por Karl Popper: una sociedad ilimitadamente tolerante frente a prácticas intolerantes socava las condiciones mismas que hacen posible la tolerancia.
La regulación de las infraestructuras comunicativas que amplifican el odio, la desinformación y la polarización extrema no es una renuncia a la libertad, sino una forma de preservarla. Muchos ciudadanos prefieren que el espacio donde los jóvenes se comunican, informan y socializan esté regulado por gobiernos democráticos y sometidos a control público, en lugar de empresas privadas movidas por el afán de lucro. Esta preferencia no es autoritarismo, sino una defensa elemental de la democracia y de la libertad como bien común.













