El Museo Tàpies explora la evolución de la pintura matérica a través de cuatro exposiciones clave

NUEVO TITULO: El Museo Tàpies explora la evolución de la pintura matérica a través de cuatro exposiciones clave
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NUEVO TITULO: El Museo Tàpies explora la evolución de la pintura matérica a través de cuatro exposiciones clave

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El Museo Tàpies presenta “El movimiento perpetuo del muro”, una exposición que analiza la transformación de Antoni Tàpies hacia la pintura matérica a mediados de los años 50. La muestra se centra en cuatro exposiciones individuales que marcaron un punto de inflexión en su carrera, consolidando su imagen como figura clave de la modernidad.

Un viaje a través de las exposiciones

La exposición, compuesta por 50 obras, muchas de ellas raramente exhibidas, recrea las míticas muestras individuales de Tàpies en los años 50, permitiendo al espectador experimentar cómo se percibió su obra en ese momento.

Pablo Allepuz, jefe de la colección del museo y co-comisario de la muestra, explica: “Partimos de una investigación que defiende la hipótesis de que en la década de los 50 quedó definida una forma de percibir la obra del artista consolidada en el tiempo. No queremos ser deterministas y decidir la causa y efecto que llevó a Tàpies a la pintura matérica, pero sí abrimos una nueva posibilidad de estudio”.

Galerías Layetanas (1950 y 1954)

La exposición se inicia con la muestra en las Galerías Layetanas en 1950, donde los cuadros de Tàpies se presentaban sobre un fondo negro con iluminación directa, creando una atmósfera misteriosa. Entre las obras destacadas se encuentran ‘El corazón encantado de Farefa’ (1949) y ‘Composición /A.

Desierto. B. Soledad’.

En mayo de 1954, las Galerías Layetanas volvieron a acoger la obra de Tàpies, pero esta vez los cuadros estaban separados de la pared por alcayatas, acentuando la textura de las obras gracias a la iluminación directa. Esta presentación generó comentarios sobre las texturas en la crítica especializada.

Galería Stadler de París (1956)

La tercera exposición clave fue en la galería Stadler de París en 1956.

Aquí, las obras flotaban en el espacio, suspendidas del techo, funcionando de manera independiente. En esta etapa, la pintura matérica ya era su principal medio de expresión, tras la polémica generada en la III Bienal Hispanoamericana de Arte de Barcelona. Se exhiben obras como ‘Pintura’ (1955) y ‘Pintura-collage de trapos e hilos’ (1955).

Sala Gaspar (1960)

Finalmente, “El movimiento perpetuo del muro” rescata la exposición de 1960 en la Sala Gaspar, que marcó el regreso de Tàpies a las galerías barcelonesas. El ayuntamiento de la ciudad adquirió tres de las obras, catapultando a Tàpies al centro del debate público.

En esta exposición, se comenzó a fotografiar a los espectadores contemplando las obras, en lugar de las obras en sí mismas. Se puede ver ‘Marrón y ocre’ (1959) de aquella muestra.

Un diálogo continuo

Según Allepuz, “Vemos como de exposición a exposición ocurre como un salto al vacío, donde Tàpies quería romper con su obra anterior y reinventarse, presentando cada vez sus nuevas inquietudes”.

La exposición estará abierta hasta septiembre. Además, el museo organizará ciclos y diálogos entre artistas, galeristas y agentes contemporáneos para contextualizar mejor el proyecto, explorando las prácticas de producción, exhibición y mediación artística en la actualidad.

El “muro” al que alude el título de la muestra representa el espacio de fricción, imaginación compartida y constante movimiento que define el arte contemporáneo y su interpretación.