Nuevos láseres revelan secretos en los frascos de Darwin sin abrirlos

Nuevos láseres revelan secretos en los frascos de Darwin sin abrirlos
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Nuevos láseres revelan secretos en los frascos de Darwin sin abrirlos

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En el siglo XIX, Charles Darwin revolucionó la comprensión del origen de las especies, sentando las bases de la biología moderna. Su enfoque se basó en la observación y comparación de organismos, complementado con la recolección directa de especímenes de animales y plantas en diversas partes del mundo.

Entre 1831 y 1836, Darwin viajó a bordo del HMS Beagle, llegando hasta las islas Galápagos, donde recolectó ejemplares que luego fueron conservados en frascos con líquidos fijadores. Estos recipientes, sellados hace casi dos siglos, siguen siendo referencias cruciales para entender la evolución de la biología moderna.

Descifrando el contenido sin romper el sello

Un reciente estudio publicado en ACS Omega ha logrado identificar, sin necesidad de abrir, los fluidos de conservación de 46 especímenes históricos del Museo de Historia Natural de Londres, incluyendo ejemplares recolectados durante el viaje del HMS Beagle. La investigación se centró en muestras de mamíferos, reptiles, peces, medusas y camarones, utilizando una técnica láser portátil que permite examinar el contenido a través del vidrio.

Según ACS Omega, el método tuvo una precisión de aproximadamente el 80% y obtuvo coincidencias parciales en un 15%. Solo en tres frascos no se pudo lograr una identificación fiable.

El equipo aplicó por primera vez en un museo la espectroscopía Raman con desplazamiento espacial (SORS). Esta técnica separa el punto de incidencia del láser del punto de recolección de la señal, reduciendo así la interferencia del recipiente. Las mediciones se realizaron directamente en las salas del Museo de Historia Natural de Londres, sin manipular el cierre original de los envases. Esta investigación fue fruto de la colaboración entre el Science and Technology Facilities Council, el museo y Agilent Technologies.

La diversidad de líquidos conservantes

El problema radica en la amplia variedad de líquidos empleados a lo largo de los siglos XVIII, XIX y XX para fijar tejidos. El artículo destaca que “la variabilidad en las recetas ha llevado a una considerable heterogeneidad en las colecciones, con mezclas de etanol, metanol, glicerol y formaldehído encontradas comúnmente en proporciones desconocidas”.

Abrir cada frasco para verificar su contenido implicaría romper el sellado, favorecer la evaporación e introducir contaminación, además de exponer al personal a sustancias potencialmente tóxicas. Durante décadas, muchos museos han lidiado con esta incertidumbre.

Patrones revelados según el tipo de animal

Una vez identificado el contenido químico, el estudio permitió observar patrones según el tipo de organismo. En mamíferos y reptiles se detectó con frecuencia una fijación inicial con formaldehído seguida de almacenamiento en etanol. En el caso de los invertebrados, se observó mayor variedad, con uso de formaldehído tamponado y aditivos como glicerol para mantener los tejidos.

La técnica también distinguió materiales de los recipientes, ya fueran distintos tipos de vidrio o incluso plásticos, lo que aporta información sobre cambios en los métodos de almacenamiento.

Un gran avance para la preservación

Antes de la aplicación de SORS, la espectroscopía Raman convencional ofrecía una alternativa no destructiva, pero la señal del vidrio dominaba el espectro y ocultaba la del líquido interior. La luz láser se dispersa en los primeros micrómetros del material, lo que dificulta acceder a la información química situada detrás. En laboratorio, con muestras abiertas, el procedimiento resulta eficaz, aunque no es viable cuando el objeto está sellado y forma parte del patrimonio histórico.

Revisando millones de piezas sin riesgo

El alcance de este avance trasciende el caso específico de los ejemplares recogidos por Darwin. Se estima que existen más de cien millones de especímenes conservados en fluidos en museos de todo el mundo, y conocer la composición exacta de cada frasco es esencial para vigilar su estado. La técnica nació en la Central Laser Facility del STFC y se utiliza también en escáneres de aeropuertos a través de Agilent Technologies.

La doctora Sara Mosca, del STFC Central Laser Facility, explicó que “hasta ahora, comprender qué fluido de conservación hay en cada frasco implicaba abrirlos, lo que entraña riesgos de evaporación, contaminación y daños ambientales”, y añadió que el nuevo procedimiento permite cuidar estos ejemplares sin comprometer su integridad.

Wren Montgomery, técnico de investigación del Museo de Historia Natural, afirmó que “analizar las condiciones de almacenamiento de ejemplares valiosos podría tener enormes implicaciones para cómo cuidamos las colecciones y las preservamos para futuras investigaciones”, una perspectiva que sitúa estos frascos como fuentes activas de información sobre la historia de la ciencia.