
El jardín de los cerezos: Un reflejo atemporal de la decadencia y la pérdida
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Poco después del estreno de ‘El jardín de los cerezos’ en 1904, Antón Chéjov falleció, dejando tras de sí una obra que capturaba la esencia del cambio y la incertidumbre que marcarían el siglo XX. Juan Carlos Pérez de la Fuente describe la intención de Chéjov como una invitación a observar las vidas y reconocer su carácter lamentable y desastroso. Esta obra, según Pérez de la Fuente, es una cumbre del teatro contemporáneo y un reflejo de la confusión humana.
Una puesta en escena que resuena con la actualidad
Pérez de la Fuente ha llevado a escena una nueva producción en el Teatro Fernán-Gómez, motivado por la agitación y la confusión del presente. Argumenta que ‘El jardín de los cerezos’ trasciende la anécdota de una Rusia aristocrática en decadencia, para hablar de seres humanos perdidos y aturdidos.
La adaptación del texto corre a cargo de Ignacio García May, con un reparto que incluye a Juanma Cifuentes, Carmen Conesa y Cristina Marcos, entre otros.
Aunque Chéjov no quedó satisfecho con la primera puesta en escena dirigida por Konstantín Stanislavski, Pérez de la Fuente defiende que, con el tiempo, la obra ha revelado su profundidad. Destaca la búsqueda de la verdad, la compasión por los personajes, el amor a la belleza y la necesidad del silencio presentes en la obra de Chéjov.
Una metáfora de la pérdida
‘El jardín de los cerezos’ narra el regreso de Liuba Ranevskaia a su finca en Rusia, solo para descubrir que está a punto de ser subastada debido a una mala gestión. Lopajin, un antiguo sirviente convertido en rico comerciante, propone la venta de parcelas para construir viviendas, una idea que Liuba y su familia rechazan. Ignacio García May considera la obra como una metáfora de la pérdida de un país y una sociedad.
La lección principal, según García May, es que si no se cuida lo que es propio, se perderá.
García May señala que no fue necesario “actualizar” el texto, ya que la obra de Chéjov posee un valor simbólico poderoso y universal. Pérez de la Fuente añade que Chéjov sentía una profunda misericordia por sus personajes y deseaba que el público fuera el juez.
Un reflejo de la desorientación contemporánea
Pérez de la Fuente explica que Chéjov no solo habla de la Rusia de finales del siglo XIX, sino de personas desorientadas en medio de una encrucijada. Reconoce que el mundo actual se enfrenta a desafíos demográficos, económicos, tecnológicos y climáticos, así como a una creciente polarización social. En este contexto, la obra de Chéjov resuena con fuerza, invitando a la reflexión sobre la pérdida, la desidia y la necesidad de cuidar lo que nos pertenece.













