Llevarse bien con tu ex: de amenaza a “green flag

Llevarse bien con tu ex: de amenaza a "green flag
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

Llevarse bien con tu ex: de amenaza a "green flag

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

No hace mucho, mantener una relación con un ex era motivo de alerta, generando celos e inseguridades. Hoy, sin embargo, muchas personas lo ven como una “green flag”, una señal positiva de madurez emocional y capacidad para cerrar ciclos sin rencor.

Este cambio refleja una nueva forma de entender a las exparejas. En España, tener exparejas es común. Según un informe del CIS, la ciudadanía española tiene una media de cuatro parejas estables a lo largo de la vida (excluyendo a quienes nunca han tenido pareja).

Estudios revelan que la estabilidad relacional ha disminuido en comparación con generaciones anteriores, lo que implica más rupturas y reemparejamientos. Entre los mayores de 55 años, lo habitual es haber tenido una sola relación estable, mientras que entre los 45 y 54 años la media es de tres parejas. La cifra varía según la edad, pero en general, tener varias parejas a lo largo de la vida es cada vez más común.

El contexto actual, marcado por la rapidez, impacta en la forma de relacionarnos. La posibilidad de nuevas conexiones a un clic, conversaciones efímeras y relaciones que nacen y se desvanecen en aplicaciones, son factores que influyen en cómo sentimos los vínculos. La exposición a rupturas puede enseñar que el dolor no es definitivo, pero también puede fomentar la idea de que las relaciones son “desechables”, como describió el sociólogo Zygmunt Bauman con su concepto de “amor líquido”.

El “ex” como enemigo o fracaso

Valentina Berr, escritora y coordinadora del libro “(h)amor11 ex”, reflexiona sobre cómo el prefijo “ex” define aquello que ya no es, pero que sí fue. En el terreno afectivo, funciona como una etiqueta “eterna” que solo desaparece si se retoma la relación.

Aunque tener expareja es común, el relato que se construye alrededor de las exparejas suele estar unido al olvido, al fracaso o a la enemistad. Los mecanismos del capitalismo y del colonialismo han contribuido a que la pareja sea vista como el único camino hacia el éxito, y el no lograrlo se asocia con el fracaso.

Empecé a ver las relaciones pasadas de mis potenciales parejas románticas como una amenaza (…) una llama que nunca se podría apagar y que tenía que vigilar para que no me acabara quemando

Lucía G. Romero – ‘Testimonios de amor’, en ‘(h)amor11 ex’

En este contexto, la expareja está socialmente unida al pasado. En redes sociales, el discurso suele ser de rechazo, superación o vergüenza. Frases como “Con el ex siempre cero contacto” o “El pasado no se visita sin pagar un precio” son comunes.

Las exparejas no solo son vistas como un fracaso personal, sino que también se demonizan al iniciar una nueva relación. Lucía G. Romero describe cómo veía las relaciones pasadas de sus parejas como una amenaza.

El psicólogo Hugo Vega explica que, cuando el amor se entiende desde la exclusividad y la posesión, la expareja se convierte en un recordatorio incómodo y una fuente potencial de dudas y celos. La psicóloga Monné añade que a las mujeres se las educa para compararse con “la ex”, mientras que a los hombres se les transmite la idea de territorio y competencia.

El ex ya no es alguien que ‘muere simbólicamente’, sino alguien con quien se redefine el rol. A veces es amigo, a veces contacto cordial, a veces solo alguien que sigues y sabes de él por redes sociales y no tienes contacto ninguno

Pablo Viñuela – Psicólogo

Un cambio de perspectiva

Frente a esta concepción negativa, existe una tendencia creciente a ver las rupturas como una transición en la forma de relacionarse con esa persona. Históricamente, las relaciones estaban ligadas a estructuras sociales rígidas, por lo que la ruptura implicaba un corte con todas las esferas compartidas. Sin embargo, ahora se observa una mirada más flexible que permite asumir nuevos roles y participar de otras formas en la vida de las exparejas.

Pablo Viñuela, psicólogo, observa un cambio hacia modelos más continuos y negociados del vínculo: “El ex ya no es alguien que ‘muere simbólicamente’, sino alguien con quien se redefine el rol. A veces es amigo, a veces contacto cordial, a veces solo alguien que sigues y sabes de él por redes sociales y no tienes contacto ninguno”.

Este es el planteamiento de “(h)amor11 ex”, que cuestiona la idea de que las “exs” son historias que deben ser borradas. Proponen una aproximación diversa a temporalidades *queer* en la construcción de vínculos con las exnovias y un intento de unir conceptos antagónicos: exnovia y futuro.

Valentina Berr habla de “un punto de fuga lesbiano” que se escapa del sistema monógamo y cisheterorromántico: la relación con las exnovias. “Donde el resto ve una amenaza, incluso algo que superar y dejar atrás, muchas veces nosotras vemos en la figura de la exnovia otras cosas. (…) Donde el resto ve una figura del pasado, las lesbianas alcanzamos a ver a la exnovia, con bastante frecuencia, como una posibilidad de presente, incluso de futuro”.

Donde el resto ve una figura del pasado, las lesbianas alcanzamos a ver a la exnovia, con bastante frecuencia, como una posibilidad de presente, incluso de futuro

Valentina Berr – escritora

Aprendiendo de la cultura *queer*

La posibilidad de mantener algún tipo de vínculo posterior depende del tipo de relación previa, del respeto por las necesidades y los límites de cada parte y de la capacidad de elaborar adecuadamente el duelo. Los psicólogos consultados recuerdan que esta posibilidad no se debe contemplar en relaciones con abuso o violencia.

Varias voces apuntan a diferencias entre parejas heterosexuales y homosexuales. Sara, bisexual, observa que en su entorno solo sus amigas lesbianas suelen mantener relación con sus exparejas. Alexia, lesbiana, coincide en que, cuando una relación entre dos mujeres termina bien, es más sencillo conservar el contacto.

Históricamente, las personas LGTBIQ+ han construido redes afectivas en los márgenes de los modelos familiares tradicionales. Ante la falta de apoyo familiar, han integrado a sus círculos amistades y exparejas. Esto ha favorecido modelos relacionales menos rígidos en los que los vínculos no se clasifican de manera cerrada: pareja, ex o amistad. En contextos normativos, la ruptura suele implicar un “todo o nada”. Como apunta Viñuela, “los ex son fuentes de apoyo, ya conocen tu historia y se convierten en pilares de seguridad y resiliencia”.

Las relaciones de amistad están un poco menos constreñidas que las de pareja, hay mucha más generosidad y comprensión

Tatiana Romero Reina – Investigadora, Historia Moderna e Historia Contemporánea (UCM)

En (h)amor11 ex, sus autoras reivindican la transgresión de las normas relacionales asociadas a la heteronormatividad. Alicia Tamarit recoge reflexiones de la socióloga Elisabeth Sheff sobre cómo los modelos relacionales facilitan imaginar otras formas de transformar el vínculo. Sin embargo, la monogamia ha ido incorporando algunos rasgos de la poligamia: las rupturas suaves y la preservación de ciertos vínculos se han vuelto comunes.

Desde la óptica heterosexual no se suele alentar a pensar en una expareja en términos de futuro, excepto bajo motivos puntuales. Tamarit se pregunta por qué, si durante la relación de novias también eran amigas, iba a tener que romperse esa amistad.

Tatiana Romero Reina reflexiona sobre la posibilidad de que “amigues se conviertan en familia”, explicando cómo la construcción de este vínculo pasa por “un (re)conocimiento y (re)descubrimiento de la persona con la que hemos tenido un vínculo sexoafectivo”, asegurando que “las relaciones de amistad están un poco menos constreñidas que las de pareja, hay mucha más generosidad y comprensión”.

En definitiva, critican lo encorsetado del lenguaje, que simplifica la relación que puede haber detrás de la palabra “expareja”. Sonia Pina Linares habla de inventar una “palabra que nombre la relación de tantas personas que se siguen yendo de vacaciones juntas y se cuidan en los ingresos hospitalarios (…) Una palabra que no nombre el hueco, lo que ya no es, sino lo que todavía late y es cierto, palpable”.

De fracaso a *green flag*

Para tener una relación sana con una expareja son necesarias una serie de condiciones: respeto y responsabilidad afectiva, el fin del vínculo romántico, el paso por un proceso de duelo y la eliminación de expectativas románticas.

Mantener una buena relación con un ex puede no ser una ‘green flag’ cuando hay dependencia emocional encubierta –la nueva pareja, si es que hay, se siente desplazada–; o no existen límites claros

Hugo Vega – Psicólogo

Si estas condiciones se cumplen, indica cosas positivas: capacidad de elaborar duelos de forma sana, responsabilidad afectiva y un patrón de apego más seguro. Saber cómo se relaciona una persona con su entorno (familiares, amigos, compañeros de trabajo, ex) da información sobre cómo podría relacionarse con nosotros.

Por ello, cada vez más personas interpretan una buena relación con las exparejas como señal de madurez emocional y no como amenaza. Viñuela advierte que esto no quiere decir que “haya que ser amigo de todos los ex”, pero mantener y transformar estas relaciones indica si la persona sabe cerrar ciclos sin convertirlos en campos de batalla; “no todos los ex serán amigos, pero tampoco enemigos automáticos”.

Aun así, mantener una buena relación con un ex no siempre es una *green flag*: “Puede no serlo cuando hay dependencia emocional encubierta –la nueva pareja, si es que hay, se siente desplazada–; o no existen límites claros”, matiza Hugo Vega. Por eso, más que “llevarse bien con los/as ex”, la verdadera *green flag* es haber transformado el vínculo sin ambigüedad.