
Carney impulsa el 'europeísmo canadiense' frente al proteccionismo de Trump
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El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha emergido como una figura clave en la defensa del libre comercio y el multilateralismo, en un contexto global marcado por el proteccionismo y las políticas de “America First” impulsadas por Donald Trump.
Carney, un liberal con experiencia en la banca central, no oculta su desacuerdo con la doctrina MAGA que impregna las políticas del actual inquilino de la Casa Blanca. Su visión geoestratégica se centra en involucrar a las democracias liberales y los mercados emergentes en un frente común contra las amenazas y coerciones de Washington.
Canadá, que comparte con Estados Unidos y México el espacio aduanero USMCA, se presenta como una alternativa al bilateralismo impuesto por Trump. La idea es articular alianzas entre potencias intermedias con suficiente músculo económico y comercial para defender el libre tránsito de mercancías, servicios y capitales, diversificar el comercio, defender los estados de derecho y aliarse contra el cambio climático.
Un mensaje a Europa
El mensaje de Carney, según un cierto consenso diplomático, está dirigido a la UE, Japón, Australia, Brasil e India, y alerta contra la soberanía hegemónica estadounidense. En particular, se dirige a Europa, instándola a emanciparse de EEUU o a aceptar una subordinación estructural. Su discurso en Davos dejó un mensaje subliminal a Bruselas: buscar aliados más allá del eje transatlántico y tomarse en serio los acuerdos comerciales con Mercosur e India.
Arquitecturas comercial y financiera en mutación
La estrategia de Carney parece haber reposicionado la táctica geoestratégica a ambas orillas del Atlántico. Mientras que la versión Trump 2.0 y sus aranceles recíprocos han afectado tratados post-Davos y corregido peajes a la importación, la UE ha mostrado empeño en sellar definitivamente acuerdos con Mercosur y Nueva Delhi.
A diferencia de los acuerdos forjados por la Casa Blanca, que imponen exigencias geopolíticas explícitas, la UE parece apostar por criterios de libre mercado. La táctica negociadora de Trump, basada en la escalada y el repliegue, reduce la confianza bilateral, encarece el capital, distorsiona los flujos de capital y acrecienta la fragmentación de la globalización.
En el terreno financiero, la burbuja de la IA y la nueva geopolítica tecnológica están reordenando los mercados. El nuevo ciclo de la IA está creando un efecto dominó que comienza a desmoronar la resistencia inversora ante unas valoraciones desorbitadas de los criptoactivos. Además, el bloqueo estratégico de EEUU hacia chips con destino a China y el temor a que la propia IA destruya parte del negocio tradicional del software son factores que están generando presión en los mercados.
¿Un CanadEU? utopía o ‘realpotitik’
La confluencia de intereses demográficos, energéticos y de valores entre Canadá y la UE sugiere la posibilidad de una vinculación de Ottawa en el edificio institucional de Bruselas. Integrar una población joven como la canadiense en unas sociedades envejecidas como las europeas, con una inmensa y rica variedad de materias primas energéticas y minerales, y con valores multilaterales compartidos, hacen factible la opción de un CanadEU.
Esta idea ha sido popularizada por *The Economist*, que centra el debate en los recientes acuerdos bilaterales en defensa, comercio y seguridad. Esta *entente cordiale* convierte la posibilidad de una adhesión de Canadá en “algo menos abstracto”.
La sintonía entre líderes como Keir Starmer y Mark Carney también juega en esta dirección, buscando suturar las brechas crediticias y la aversión al riesgo en el salto competitivo frente a EEUU y China. La reciente adhesión de Ottawa al programa europeo de defensa SAFE ha iniciado una fase de integración que, probablemente, pueda ser de no retorno.













