Alternativas Románticas: 5 Ciudades Ideales para Viajar con Amigos

Alternativas Románticas: 5 Ciudades Ideales para Viajar con Amigos
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Alternativas Románticas: 5 Ciudades Ideales para Viajar con Amigos

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¿Cansado de las ofertas “para dos” en febrero? Tal vez sea el momento de cambiar de aires y planear una escapada con amigos. No todos disfrutan de las flores y los brindis románticos de San Valentín. A veces, lo que más apetece es un destino, un grupo de amigos y un plan sin cursilerías.

Viajar con amigos siempre es un plan divertido. Las risas, la flexibilidad y las ganas de pasar buenos ratos son la clave. Se puede dedicar la mañana a una visita cultural, alargar la comida sin prisas, terminar el día en un bar con música en directo o cambiar el rumbo si surge algo interesante. El resultado suele ser un fin de semana variado, con experiencias compartidas que encajan bien cuando lo que se busca es salir de la rutina y hacer algo diferente en grupo.

Aquí te presentamos cinco ciudades que funcionan especialmente bien para un viaje en grupo. Berlín, Budapest, Ámsterdam y Dublín combinan historia, cultura y una vida nocturna que huye de los romanticismos forzados. Y, para quienes prefieren quedarse más cerca, Bilbao ofrece gastronomía y planes urbanos de sobra para un fin de semana redondo. Cinco destinos con carácter propio para celebrar la amistad.

Berlín: Libertad, Historia y Vida Nocturna

Berlín es ideal para un viaje sin ataduras y con margen para la improvisación. La capital alemana combina monumentos imprescindibles como la Puerta de Brandeburgo, el Reichstag y los restos del Muro, con barrios que marcan su carácter actual, como Kreuzberg o Friedrichshain. En un fin de semana se puede pasear por la East Side Gallery, visitar un museo en la Isla de los Museos o recorrer mercados y parques como Mauerpark. Es una ciudad cómoda para organizar una agenda variada sin grandes desplazamientos.

Por la noche, el ambiente cambia y Berlín se convierte en el destino perfecto para un viaje con amigos. Bares alternativos, espacios como RAW-Gelände y clubes de música electrónica permiten alargar la jornada sin horarios fijos. Se puede empezar con una *currywurst*, seguir con cervezas artesanas y decidir sobre la marcha dónde acabar. También se pueden explorar búnkeres subterráneos o pasear por Tempelhofer Feld, el antiguo aeropuerto convertido en parque. Aquí, cada grupo marca su propio ritmo.

Budapest: Balnearios, *Ruin Bars* y Vistas al Danubio

Budapest combina patrimonio monumental y precios razonables, lo que siempre ayuda cuando se viaja en grupo. El Parlamento, el Castillo de Buda y las vistas desde el Bastión de los Pescadores son visitas obligadas, pero la ciudad ofrece mucho más. Es fácil moverse en transporte público y organizar un fin de semana equilibrado entre cultura y ocio.

Uno de sus grandes atractivos para un viaje con amigos son los balnearios históricos, como Széchenyi, donde pasar unas horas entre piscinas termales exteriores incluso en invierno. A partir de ahí, la experiencia continúa en los *ruin bars*, antiguos edificios reconvertidos en bares con decoración ecléctica y ambiente relajado, como Szimpla Kert o Csendes. Se puede completar el plan con una ruta cervecera, una cena de cocina húngara en el Mercado Central o un paseo en barco por el Danubio al atardecer. Relax y fiesta en la misma escapada.

Ámsterdam: Canales, Bicicletas y Barrios con Personalidad

Ámsterdam es manejable, dinámica y fácil de recorrer en grupo. Sus canales, el centro histórico y plazas como Dam o Rembrandtplein permiten organizar rutas a pie sin complicarse mucho. En 48 horas se pueden combinar visitas culturales, como el Museo Van Gogh o el Rijksmuseum, con paseos tranquilos por el Vondelpark o el mercado de flores.

Más allá de los iconos, la ciudad ofrece barrios con ambiente propio, como De Pijp, bohemio y multicultural, o los antiguos muelles del Este, donde encontrar mercados locales, cervezas artesanas y propuestas gastronómicas variadas. La bicicleta es una buena aliada para moverse con libertad y descubrir zonas menos turísticas. Por la noche, Leidseplein o el propio entorno de Rembrandtplein concentran bares y salas con música en directo. Ámsterdam suele ser una apuesta segura porque permite alternar cultura, ocio y calle aunque llegues sin ningún plan concreto.

Dublín: Pubs, Música en Directo y Mucho Ambiente

Dublín, capital de la República de Irlanda, es compacta y se recorre a pie, algo que facilita cualquier escapada corta. Trinity College, la Catedral de San Patricio, el Castillo de Dublín o la cárcel de Kilmainham ayudan a entender su historia, mientras calles como O’Connell Street o el puente Ha’Penny marcan algunos de los hitos imprescindibles del centro. Es una ciudad cómoda para ver mucho en dos o tres días.

Pero el verdadero punto fuerte para viajar con amigos está en sus pubs. Temple Bar es el epicentro más conocido (y concurrido), aunque hay ambiente por toda la ciudad. Entrar en un bar y encontrarse con música tradicional en directo forma parte de la experiencia. A eso se suma la visita a la Guinness Storehouse o a alguna destilería de whisky, además de platos como el *irish stew* o el clásico *fish & chips*. Aquí el plan en grupo es sencillo: caminar, entrar en un pub, escuchar música y repetir las veces necesarias.

Bilbao: Gastronomía y Cultura a Tiro de Piedra

No hace falta irse muy lejos para disfrutar de un gran fin de semana entre amigos. Bilbao es compacta, fácil de recorrer y tiene un poderoso atractivo gastronómico que la convierte en un valor seguro. El Museo Guggenheim es parada obligatoria, igual que un paseo por la ría o por el Casco Viejo, donde tradición y propuestas actuales conviven en pocas calles.

La escapada se organiza sin darle muchas vueltas. Puedes combinar *pintxos* en las Siete Calles con una visita al Mercado de la Ribera, subir en funicular a Artxanda para ver la ciudad desde arriba y pasar una tarde de bares en Poza o en el propio Casco. También hay espacio para la cultura en Azkuna Zentroa (Alhóndiga Bilbao) o para explorar zonas como Bilbao La Vieja. Aquí el plan combina buena comida, ambiente local y distancias cortas, lo que facilita exprimir el fin de semana sin terminar discutiendo con el resto del grupo sobre dónde ir en cada momento.