
Adiós a Rafael Amador: Un Príncipe Gitano desde los Márgenes de Sevilla
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Rafael Amador, figura clave en la renovación del flamenco y cofundador de Pata Negra, ha fallecido. Su partida deja un vacío en la música española, pero su legado perdurará a través de su innovadora fusión de flamenco, blues y rock.
De Triana a la Leyenda: El Origen de un Sonido Único
Rafael y su hermano Raimundo Amador, gitanos de Triana, Sevilla, encontraron su voz musical en los márgenes de la ciudad, lejos del centro. En un contexto de segregación y dificultades, su espontaneidad y talento florecieron, desafiando las adversidades.
El chisporroteo de sus guitarras resonó por primera vez en el disco de Veneno, un grupo que fusionaba flamenco con influencias del rock y el blues. En 1977, en plena transición española, Veneno irrumpió en la escena musical con un sonido fresco y transgresor.
Veneno: La Alquimia Musical de los Márgenes
Veneno, integrado por los hermanos Amador y el catalán Kiko Veneno, representó una revolución musical. Kiko Veneno, tras un viaje a Estados Unidos, descubrió la conexión entre el flamenco y el blues a través de la figura de Diego del Gastor, un guitarrista afincado en Morón cuyas falsetas evocaban la melancolía del blues.
La producción de Ricardo Pachón, conocido por su apertura a nuevas ideas y su compromiso social, contribuyó a la singularidad de Veneno. Pachón promovió la igualdad entre los músicos, incluyendo a los palmeros, y desafió las convenciones de la industria musical.
Pata Negra: Un Jamón Flamenco de Raza
Tras la disolución de Veneno, Rafael y Raimundo Amador formaron Pata Negra, un grupo que consolidó su estilo único, fusionando el flamenco con el blues y el rock de manera magistral. Pata Negra dejó un legado de discos cargados de iconos y rabia, que reflejan la realidad de los márgenes y la pasión por la música.
Con los pies sobre los márgenes más castigados, Rafael Amador, junto a su hermano Raimundo, alumbró un sonido inconfundible. Su música, nacida de la fusión de culturas y la rebeldía, sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas.
En memoria de Rafael Amador, un príncipe gitano que cantó a la vida desde paisajes de desolación, y un abrazo a su hermano Raimundo, la otra pata del mejor jamón flamenco.