Nuevos tiempos, nueva cesta de la compra: radiografía del cambio en los hábitos de consumo

Nuevos tiempos, nueva cesta de la compra: radiografía del cambio en los hábitos de consumo
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Nuevos tiempos, nueva cesta de la compra: radiografía del cambio en los hábitos de consumo

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Los hábitos de consumo de los hogares españoles han evolucionado drásticamente en las últimas décadas. Este cambio se refleja en la forma en que el Instituto Nacional de Estadística (INE) mide el consumo para calcular la inflación, a través de la llamada cesta de la compra del Índice de Precios de Consumo (IPC).

El INE ha actualizado su metodología, introduciendo una nueva clasificación de productos y ajustando categorías existentes. Esta actualización implica la inclusión de nuevos productos y la exclusión de otros que ya no reflejan el consumo actual de los hogares.

¿Qué entra y qué sale de la cesta de la compra?

La cesta de la compra del IPC ha pasado de 462 productos en la base 2021 a 487 en la base 2025. En el sector de la alimentación, se han incorporado productos como el aguacate y los arándanos, mientras que en bebidas han aparecido referencias como los refrescos de té o la cerveza con limón. En los servicios médicos, se incluye la radiografía. Por otro lado, artículos como la corbata o el pañuelo han desaparecido de la cesta.

Estos cambios reflejan la evolución de los hábitos de consumo a lo largo del tiempo. En la base 2021, se incorporaron las mascarillas higiénicas y la suscripción a periódicos online, mientras que se eliminaron productos tecnológicos obsoletos como el reproductor portátil, el CD o el DVD. En la base 2016, los protagonistas fueron los servicios de vídeo y música en streaming, los juegos de azar online o el café en monodosis, mientras que en 2011 se incorporaron discos duros portátiles, notebooks y tablets.

Un reflejo del consumo medio

Según la economista senior de Funcas, Mª Jesús Fernández, este proceso de actualización es fundamental para mantener la representatividad del índice. La revisión periódica, que se realiza cada cinco años, es una frecuencia suficiente para que siga representando al ciudadano medio.

Medir el consumo real no siempre es sencillo, ya que algunos servicios son cada vez más difíciles de capturar con un único precio de referencia. No obstante, según Fernández, el diseño del IPC permite aproximarse con bastante fidelidad al patrón de consumo medio.

Es importante tener en cuenta que el IPC es una media, y cada grupo social tiene su propio IPC en función de su nivel de renta, edad o si tiene hijos o no. Sin embargo, a largo plazo las diferencias no suelen ser muy acusadas.

Evolución histórica de la cesta de la compra

La cesta de la compra del IPC ha ido ampliándose y sofisticándose a lo largo del tiempo. En 1958 incluía 181 artículos, mientras que en la base 2025 la cifra asciende a 487.

Más que una simple expansión numérica, estos cambios reflejan una transformación del patrón de consumo, con más variedad, mayor especialización y un peso creciente de los servicios. La entrada este año del aguacate y el arándano y la salida de artículos como las corbatas o los pañuelos ilustran esa adaptación constante a los hábitos reales de la población.

Cambio en las ponderaciones

Para entender cómo ha cambiado el consumo, es fundamental analizar el peso que tiene cada gran grupo en el IPC. A lo largo del tiempo, se observa un desplazamiento progresivo del peso desde los bienes tradicionales hacia los servicios.

Durante años, los alimentos fueron el grupo con mayor peso en el índice, pero en las bases más recientes este protagonismo lo comparten o superan los restaurantes y los servicios de alojamiento. La vivienda mantiene una posición estructural y gana relevancia en el largo plazo, mientras que la sanidad y el cuidado personal aumentan su peso.

Este incremento responde a la incorporación de nuevos servicios médicos especializados, al envejecimiento de la población y a una mayor disposición de los hogares a destinar recursos a la prevención y al bienestar. En contraposición, partidas como vestido y calzado o la alimentación pierden peso relativo.

En conjunto, la evolución de las ponderaciones dibuja una transformación profunda del modelo de consumo, pasando de una economía doméstica centrada en bienes básicos a otra en la que pesan cada vez más los servicios, el ocio, la vivienda y el cuidado personal.