
CELSO MORGA: UNA VIDA DEDICADA A LA IGLESIA, DE LA RIOJA A EXTREMADURA
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, Celso Morga, ha compartido detalles íntimos de su vida y trayectoria eclesiástica, desde su infancia en La Rioja hasta su servicio en la Curia Romana y su posterior labor pastoral en Extremadura.
Vocación temprana y raíces riojanas
Nacido en Huércanos, un pueblo riojano con tradición vitivinícola, Morga describe una infancia feliz en una familia católica. Su vocación, que considera “un don de Dios”, fue influenciada por figuras como su tío sacerdote, cuyo ejemplo le marcó profundamente. A los doce años, ingresó en el seminario, siguiendo los pasos de amigos cercanos.
Morga contrasta el ambiente de los años sesenta, donde el sacerdote era una figura social relevante, con la situación actual, donde los jóvenes no encuentran ese mismo referente, lo que dificulta la llamada vocacional.
La crisis vocacional y el esfuerzo renovado
Frente a la actual crisis vocacional, Celso Morga se muestra firme en su creencia de que Dios sigue llamando. Sin embargo, reconoce que se requiere un mayor esfuerzo para escuchar y responder a esa llamada en los tiempos actuales.
Afirma que quienes eligen el sacerdocio hoy “van contracorriente”, pero esto también otorga a su vocación una mayor autenticidad.
El arzobispo emérito observa diferencias geográficas en la crisis vocacional, con “más dificultad en el norte que en el sur” de España. A pesar de esto, valora positivamente la aparición de “nuevos medios” y movimientos en la Iglesia, como los retiros de Emaús, que contribuyen a revitalizar la fe.
Servicio en Roma y labor en Extremadura
Tras ser ordenado sacerdote en 1972 y estudiar Derecho Canónico, Morga trabajó en Argentina y luego pasó 27 años en Roma, en la Congregación para el Clero. Describe este período como un privilegio, donde pudo trabajar con tres papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Desmiente la idea de que en la Santa Sede se pierde la fe, afirmando que “en Roma no se pierde nada, se gana todo”.
Su nombramiento como arzobispo coadjutor de Mérida-Badajoz fue realizado por el Papa Francisco.
Aunque le costó dejar Roma, aceptó el encargo y descubrió Extremadura, una tierra que desconocía y de la que destaca la calidad humana de sus gentes y el “humus católico” que aún se conserva. Como obispo, priorizó la atención a los sacerdotes, los jóvenes y los más vulnerables: “enfermos, ancianos, solos, encarcelados”.
El Santuario de Guadalupe y la etapa como emérito
Durante su etapa extremeña, abordó la compleja situación del Santuario de Guadalupe, que, aunque ubicado en su territorio, pertenece a la archidiócesis de Toledo. Comparó la dificultad de resolver este asunto con el “status quo” de la escalera de la Basílica del Santo Sepulcro en Jerusalén.
En su nueva etapa como emérito, Morga se dedica a organizar su tiempo y realizar tareas que antes no hacía. A pesar de estar jubilado, continúa colaborando con la Signatura Apostólica y ofreciendo conferencias.
Reflexiona sobre la muerte como “la prueba máxima”, pero se aferra a la esperanza en las promesas de Jesús.













