
Nicaragüense denuncia abusos laborales y sexuales sufridos por trabajadoras domésticas, inspirada en el caso Julio Iglesias
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
La activista feminista nicaragüense Jamileth Chavarría, con años de experiencia como empleada del hogar en España, ha manifestado su impacto ante las recientes denuncias contra Julio Iglesias, señalando la persistencia de una “construcción colonial del señorito” que perpetúa el poder y la superioridad sobre las mujeres en este sector.
Chavarría, fundadora de una cooperativa de empleadas del hogar, contextualiza las denuncias por trata de personas y agresión sexual contra el cantante, archivadas por la Fiscalía por falta de jurisdicción, desde la perspectiva de quien conoce las difíciles relaciones de poder en el trabajo doméstico.
Una ventana abierta a la denuncia
Para Chavarría, el testimonio de Laura, Rebeca y Carolina, ex empleadas que hablaron en una investigación, representa “una ventana abierta” en un muro de silencio que esconde a muchas mujeres racializadas.
Con el objetivo de evitar el aislamiento y fortalecer la defensa de sus derechos, la activista fundó junto a compañeras la cooperativa La Comala, integrada por trabajadoras migrantes. Desde Madrid, Chavarría celebra la valentía de las denunciantes por “hablar por las que aún no pueden hacerlo”.
“Muchas se tragan los abusos”
La activista relata cómo muchas trabajadoras se ven obligadas a “tragarse” los abusos debido a su vulnerabilidad, especialmente aquellas que son madres y deben mantener a sus familias tanto en España como en sus países de origen. “¿Cómo van a salir adelante si denuncian?”, se pregunta.
Chavarría comparte casos impactantes, como el de una joven obligada a desnudarse en una entrevista de trabajo o el de una empleada que dormía con una silla detrás de la puerta para evitar abusos. Destaca el riesgo que corren quienes denuncian a figuras poderosas como Iglesias, enfrentándose a un aparato agresor con amplios recursos mediáticos.
Lógicas coloniales y racistas
Desde su experiencia como activista feminista y trabajadora doméstica, Chavarría denuncia cómo operan las lógicas coloniales y racistas, perpetuando un patrón de servicio al “señor” que muchas trabajadoras latinas han internalizado. “El señorito cree que mantiene ese poder, esa superioridad, esa blanquitud sobre un sector de las mujeres”, afirma.
La “esclavitud moderna” del trabajo interno
Chavarría equipara el trabajo interno a la “esclavitud moderna” o la “cárcel moderna”, debido a la falta de tiempo libre, la ausencia de redes de apoyo y la pérdida de intimidad. “Cuando vendés el tiempo, te olvidás de tu intimidad”, lamenta, señalando cómo el encierro mina la autoestima y dificulta la defensa de los propios derechos.
La importancia de hablar para sanar
La activista celebra que las denunciantes hayan empezado a sanar al hablar, recordando que “la palabra es la que nos ayuda a liberarnos”.
Comparte su propia experiencia como interna, describiendo cómo perdió la conexión con la naturaleza y la alegría que la caracterizaban como activista en Nicaragua. “Como interna ni siquiera puedes analizar lo que te toca vivir, porque es que se te alborotan tus propios demonios ahí adentro”, explica.
Cooperativa como protección
Tras dejar el trabajo interno, Chavarría impulsó la creación de una cooperativa para proteger a las empleadas del hogar, asegurando el respeto de sus derechos laborales y humanos. “Cuando una persona mete a alguien a su casa sabe quién va, porque le ha pedido una carta de recomendación, pero nosotras no sabemos a qué casa vamos ni quién vive allí”, explica sobre la importancia de trabajar en equipo.
Finalmente, Chavarría envía un mensaje de agradecimiento y apoyo a las mujeres que denunciaron a Julio Iglesias, instándolas a no parar, porque “su voz es la voz de otras que están silenciadas”.













