
No importa el futuro de la izquierda, sino el del país
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
Lo que realmente importa no es el futuro de la izquierda como tal, sino el futuro del país y el bienestar de su población. La pregunta clave es cómo las formaciones progresistas pueden ser útiles a la mayoría social para mejorar sus condiciones de vida, en lugar de retroceder.
El debate sobre la unidad de la izquierda
Las recientes declaraciones de Gabriel Rufián sobre la necesidad de unirse para evitar un gobierno de PP con Vox han generado diversas reacciones. Es positivo que se haya abierto este debate, ya que se necesitan todos los talentos: los que saben gestionar, los que saben hacer pactos discretamente y los que saben comunicar y conectar con el sentido común.
Mucho está en juego. Está en juego seguir luchando por la agenda social (derecho a la vivienda, educación y sanidad públicas, derechos laborales, defensa de la paz), pero también por defender nuestra existencia. Un gobierno de Abascal y Ayuso podría implicar políticas represivas contra migrantes, feministas o personas LGTBI, o la vuelta a jornadas laborales de 12 horas y al despido sin indemnización, como en Argentina. Vox y PP no ocultan su afinidad con las agendas de Trump y Milei.
Es fundamental que las personas y formaciones progresistas dialoguen y se unan más allá de sus diferencias para evitar un retroceso. Los objetivos deben estar por delante de las siglas, evitando que la derecha y la extrema derecha gobiernen en España por divisiones internas.
Las causas del avance de la extrema derecha
La extrema derecha avanza gracias a la financiación de las élites, medios de comunicación potentes y una red internacional organizada. Pero también por los errores de la izquierda: peleas internas, comunicación institucionalizada, excesos centralistas y falta de articulación de espacios confederales.
Las alianzas entre fuerzas de izquierda son necesarias, pero no suficientes. Se necesita un frente democrático amplio que involucre a sectores de la sociedad, con una estrategia común y una visión global. También se requiere autocrítica constructiva y un proyecto de futuro ilusionante, ambicioso y utópico, que no se resigne a repartir las migajas de un sistema económico injusto.
El camino a seguir
No es momento de decidir quién va a liderar electoralmente esa propuesta. Es momento de hablar y construir colectivamente, trabajando una propuesta sencilla y eficaz para articular un frente democrático común, y generando narrativas e imágenes potentes sobre el deseo colectivo de un futuro mejor.
Existe un programa común, las prioridades sociales están claras y todos son necesarios. Es fundamental recordar que la mayoría social es capaz de lograr cosas increíbles cuando se une.













