El Conejo: De Bad Bunny a la Historia de Hispania

El Conejo: De Bad Bunny a la Historia de Hispania
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El Conejo: De Bad Bunny a la Historia de Hispania

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La reciente actuación de Bad Bunny en la Super Bowl ha generado un revuelo tal que su nombre, o más bien su traducción, “Conejo Malo”, ha resonado incluso en los parlamentos. Esta notoriedad nos lleva a explorar el significado y la historia de la palabra “conejo”.

Orígenes Ancestrales

Aunque de origen clásico, la etimología de “conejo” no es del todo clara. Proviene de una palabra hispana prerromana transcrita al griego como ‘Kyniklos’ y al latín como ‘cuniculus’. Dado que el animal era desconocido en Roma y Grecia, se creía que su origen estaba en la península ibérica.

De hecho, una hipótesis sobre el origen del nombre Hispania sugiere que deriva de la raíz fenicia ‘span’, utilizada para referirse a los conejos, por lo que Hispania significaría literalmente “tierra de conejos”.

Múltiples Acepciones

La palabra “conejo” posee diversas acepciones. La primera, evidentemente, se refiere al animal. La segunda, a su carne. Sin embargo, también encontramos un uso vulgar para referirse al órgano sexual femenino.

En algunos lugares, se utiliza para nombrar un tipo especial de botella para recoger la orina de personas encamadas, mientras que en México se emplea para referirse al bíceps. Finalmente, “coneja” puede usarse como insulto para una mujer que tiene muchos hijos.

El Conejo en la Literatura

A lo largo de la historia, los conejos han sido objeto de numerosas obras literarias. Un ejemplo notable es el poema ‘Los dos conejos’ de Tomás de Iriarte, que ilustra cómo las disputas triviales pueden llevar a descuidar lo importante:

Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo: «Tente amigo, ¿qué es esto?».
«¿Qué ha de ser?», responde;
«sin aliento llego…
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
«Sí», replica el otro,
«por allí los veo,
pero no son galgos».
«¿Pues qué son?» «Podencos».
«¿Qué? ¿podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo».
«Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso».
«Son galgos, te digo».
«Digo que podencos».
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.