
Noche, Blues y Trascendencia: El Nuevo Poemario de Carlos Aganzo
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Carlos Aganzo, reconocido poeta, presenta su más reciente obra, ‘Que no acabe este blues’ (Difácil), una inmersión poética en el universo del blues, donde la noche y el misticismo se entrelazan. Este poemario surge tras su anterior trabajo, ‘Paraíso claustral’, en el que dialogaba con figuras como Sikong Tu y Bernardo de Claraval.
Aganzo, un apasionado del jazz desde los dieciocho años, dedica cada poema a una canción que ha marcado su vida. Para él, el blues no es solo música, sino una forma de trascendencia, similar a la que encuentra en el flamenco. “El jazz trasciende el tiempo, lo supera.
Tiene esa cosa secreta que te deja balbuciendo”, afirma el poeta.
La Tragedia del Alma Humana en el Blues
El autor explora la tragedia inherente al blues, describiéndola como el drama del alma humana. En sus versos, se refleja la cara trágica del amor, la pasión y el deseo. El blues, según Aganzo, es un mundo de antihéroes, de personas derrotadas por el amor y a menudo marginadas.
“Aquí asistimos a la cara trágica del amor, de la pasión, del deseo. Es un mundo de antihéroes, de gente derrotada por el amor, de gente muchas veces marginal.
No miramos la vida cotidiana, sino la noche, la vida con nocturnidad y alevosía: todo lo que sucede ahí tiene una épica, una épica oscura, terrible”.
Aganzo busca plasmar un blues castellano, imaginando un Chet Baker que pudiera aparecer en cualquier bar de Valladolid, reflejando Nueva York en las aguas del Pisuerga.
El Declive de la Noche y la Magia del Jazz
A pesar de la influencia del jazz en la música contemporánea, Aganzo lamenta el declive de la magia del jazz, aquella que se vivía en pequeños clubes con una atmósfera única e irrepetible. Señala el cierre de locales y la turistificación de otros, reflejando una decadencia generalizada en la noche.
“La noche en general es solo un pálido reflejo de lo que fue. Quiero decir que este es un libro decadente sobre un mundo en decadencia”.
El Deseo y la Noche Eterna
El segundo poema del libro encapsula el anhelo de que la noche y el blues perduren:
«Que el brillo de las luces / envuelva nuestros pasos como antes / de que perdiera el alma y los zapatos. / Que no se apague el pulso de este instante.
/ Que no acabe la noche. / Que no acabe este blues».












