
El origen de las tarjetas amarilla y roja en el fútbol
Foto: Archivo – Todos los derechos reservados
El Mundial de 1966, disputado en Inglaterra, fue el escenario de un incidente que cambiaría para siempre la forma en que se arbitran los partidos de fútbol. Durante el encuentro de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín. La situación se complicó debido a que Rattín no entendía las órdenes del árbitro, quien no hablaba español.
La barrera idiomática impidió que Rattín comprendiera la razón de su expulsión, generando un momento de tensión e impotencia tanto para el jugador como para el árbitro. Este episodio puso de manifiesto la necesidad de un sistema universal que permitiera comunicar de manera clara e inequívoca las decisiones arbitrales.
Ken Aston, un árbitro inglés que presenció el partido desde la grada, fue quien encontró la solución. Se dice que, mientras esperaba un semáforo en Kensington, tuvo la idea de utilizar un código de colores similar al del semáforo: amarillo para advertencia y rojo para expulsión.
Implementación de las tarjetas
A pesar de la lógica y sencillez de la propuesta, la FIFA tardó en aprobar el uso de las tarjetas. Fue hasta el Mundial de México 1970 cuando se implementó oficialmente el sistema. El 31 de mayo de ese año, durante el partido entre México y la URSS, el árbitro alemán Kurt Tschenscher mostró la primera tarjeta amarilla de la historia al soviético Evgeny Lovchev por una falta.
La primera tarjeta roja en un Mundial se mostró en 1974 al chileno Carlos Caszely, expulsado por el árbitro Dogan Babacan.
Curiosamente, en el fútbol español, antes de la adopción del sistema actual, los árbitros utilizaban una tarjeta blanca como forma de amonestación.
Ken Aston, el creador de este sistema que revolucionó el arbitraje, falleció en 2001, dejando un legado imborrable en el mundo del fútbol. En una ocasión, Aston definió el fútbol como “una obra dramática en dos actos, con 22 actores sobre el escenario y un director de escena: el árbitro. No existe guion, nunca se sabe cómo terminará, pero lo más importante es divertirse y divertir”.













