
Barcelona se planta: la nueva ordenanza cívica quiere poner fin a la impunidad en las calles
El Ayuntamiento de Barcelona ha decidido pasar a la ofensiva contra las conductas incívicas que degradan la convivencia en la ciudad. La nueva ordenanza de civismo, que endurece y agiliza las sanciones, ha sido recibida como una “muy buena noticia” por parte de las asociaciones de vecinos, que llevan años alertando sobre la problemática. Desde la asociación Amics de la Rambla celebran que la normativa persiga de forma más eficaz los comportamientos que más perjudican el día a día en el espacio público, como el ruido, las micciones en la calle o el consumo de alcohol en la vía pública, conocido como botellón. El objetivo es claro: recuperar la calidad de vida de los residentes.
Para los vecinos, el valor de esta nueva herramienta no reside tanto en la cuantía de las multas como en la agilidad para su cobro y, sobre todo, en el mensaje que se transmite.
“Lo importante es que la gente diga: ‘Ostras, cuidado, que en Barcelona no se puede hacer todo lo que se quiera, sino que hay una normativa y se va a cumplir’”, señala Xavier Massip, gerente de Amics de la Rambla. Considera que este aviso es mucho más disuasorio que la cifra exacta de la sanción, que no deja de ser “una anécdota”. Se busca así acabar con la extendida sensación de impunidad que se ha instalado en la ciudad.
Esta percepción de que “todo vale” ha sido, precisamente, uno de los grandes caballos de batalla de los residentes. La nueva ordenanza pretende ser la herramienta definitiva para que tanto locales como visitantes entiendan que el respeto a las normas y a los vecinos no es negociable.
El endurecimiento de las sanciones va dirigido a disuadir a quienes, hasta ahora, sentían que sus acciones no tendrían consecuencias. Se trata de un refuerzo de la autoridad para promover el civismo y garantizar que Barcelona sea una ciudad para convivir y no un parque temático sin reglas.
Al preguntar por las conductas más problemáticas, el gerente de Amics de la Rambla señala directamente a barrios como el Gòtic y el Raval, que junto a la Rambla forman un “epicentro” de incivismo. El ruido en la vía pública se ha convertido en uno de los “problemas más grandes” para los vecinos, afectando directamente a su descanso y bienestar. A ello se suman otras acciones como las micciones en plena calle, que degradan la imagen y la salubridad de estos barrios históricos, densamente poblados y con una gran presión turística.
Otro de los fenómenos más denunciados es la venta ambulante de alcohol de manera indiscriminada.
“Si puedes comprar una cerveza a cualquier hora del día en cualquier calle de Ciutat Vella, lo que pasa es que se está fomentando la fiesta”, denuncian desde la asociación. Esta práctica ilegal alimenta directamente el botellón y la concentración de personas en la calle hasta altas horas de la madrugada, con el consecuente aumento del ruido. El impacto es especialmente grave durante el verano, cuando los vecinos duermen con las ventanas abiertas y el estruendo de la calle se vuelve insoportable.
A pesar del optimismo, los vecinos se muestran cautelosos y subrayan que el éxito de la ordenanza dependerá de su correcta implementación. “Tener una normativa nueva es genial, está muy bien, pero la clave de la cuestión es la aplicación”, advierte el representante de Amics de la Rambla.
La principal preocupación de las asociaciones es que se destinen los recursos necesarios para hacerla cumplir, ya que una ley sin capacidad de ejecución se convierte en papel mojado. Los vecinos confían en que el consistorio sea firme en este aspecto.
En definitiva, la comunidad de residentes de los barrios más céntricos de Barcelona deposita su esperanza en esta nueva herramienta legal. Tras años de denuncias y de una creciente sensación de abandono, ven en la ordenanza de civismo una oportunidad para revertir la situación. Ahora, la pelota está en el tejado de la administración, de la que esperan un compromiso firme para que la normativa “se aplique y sirva para mejorar nuestros barrios”.
Solo así se podrá recuperar el equilibrio entre la actividad de la ciudad y el derecho al descanso de sus habitantes.













