El embarazo riesgoso: ¿Contribuyó la preeclampsia a la extinción de los neandertales?

El embarazo riesgoso: ¿Contribuyó la preeclampsia a la extinción de los neandertales?
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El embarazo riesgoso: ¿Contribuyó la preeclampsia a la extinción de los neandertales?

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El nacimiento de un hijo siempre ha implicado un riesgo, especialmente sin asistencia médica. A lo largo de la historia, los partos han cobrado vidas, particularmente en entornos carentes de herramientas, higiene o personal capacitado.

Hemorragias, infecciones postparto y convulsiones podían sorprender a las madres sin previo aviso. Problemas de presión arterial o desarrollo fetal, sin tratamiento, conducían a desenlaces fatales. Esta fragilidad del embarazo sin apoyo sanitario obliga a analizar qué complicaciones influyeron en la supervivencia de distintas poblaciones humanas.

Un estudio científico apunta a trastornos del embarazo como causa de la escasa descendencia neandertal

Un estudio publicado en *Journal of Reproductive Immunology* plantea que la preeclampsia y la eclampsia pudieron contribuir a la baja fecundidad y desaparición de los neandertales. Los autores sugieren que esta complicación del embarazo humano raramente se ha considerado al explicar el reducido número de nacimientos viables en estas comunidades.

El artículo señala que “la preeclampsia, la principal complicación reproductiva humana, nunca es citada por los antropólogos como posible explicación de las bajas tasas de fecundidad bien conocidas en comunidades neandertales”. Esta propuesta abre una nueva vía para analizar por qué una especie prosperó y otra se extinguió.

El estudio recuerda que los humanos actuales desarrollaron un mecanismo biológico que, en muchos casos, separa el daño en la placenta del cuadro grave que afecta a la madre. Aproximadamente el 75% de los casos de restricción del crecimiento fetal no derivan en preeclampsia o eclampsia, reduciendo así el riesgo de muerte materna.

Sin esta protección, las cifras serían muy distintas y la presión sobre la supervivencia del grupo sería mucho mayor. Desde una perspectiva evolutiva, los investigadores señalan que “la aparición de una salvaguarda reproductiva en la que la mayoría de los embarazos con placentación superficial no desencadenan un síndrome materno mortal habría sido esencial para la supervivencia humana”. En el *Homo sapiens*, esta protección parece consolidada, lo que concuerda con su expansión demográfica.

Cálculos sugieren altas tasas de convulsiones y muertes en madres primerizas neandertales

La hipótesis principal sostiene que los neandertales compartían un tipo de implantación placentaria profunda similar a la nuestra, pero quizás no contaban con el mismo mecanismo de seguridad. Si la placenta no invadía adecuadamente las arterias maternas, el aporte de sangre al feto podría reducirse, provocando un retraso en el crecimiento.

En humanos actuales, este problema no siempre desencadena un cuadro grave en la madre, pero en ausencia de protección la situación cambiaría.

Los autores calculan que la tasa de preeclampsia podría haber alcanzado entre un 10% y un 20% de los embarazos, mientras que la eclampsia podría situarse entre un 4% y un 5%. En ese escenario, alrededor de un 4% de las madres primerizas habrían fallecido, una cifra superior a la mortalidad asociada a la hemorragia posparto, que hoy es la principal causa de muerte materna en el mundo.

Actualmente, la preeclampsia afecta entre un 2% y un 8% de los embarazos y la eclampsia aparece en torno al 1% de los partos. A pesar de los avances médicos, estas complicaciones causan más de 70.000 muertes maternas al año y cerca de 500.000 muertes perinatales. La mayoría de los casos graves se concentran en entornos con pocos recursos sanitarios, donde la detección temprana y la intervención no siempre están disponibles.

El trastorno se manifiesta con hipertensión de nueva aparición tras la semana 20 de gestación y puede ir acompañado de alteraciones en órganos o de restricción del crecimiento fetal. Cuando evoluciona hacia eclampsia, aparecen convulsiones generalizadas que ponen en peligro inmediato la vida de la madre.

Variantes genéticas y cruces poblacionales pudieron aumentar la vulnerabilidad

Los investigadores subrayan que esta enfermedad es exclusiva de nuestra especie entre unas 4.300 especies de mamíferos conocidas. Desde hace más de un siglo se la ha descrito como una “enfermedad de teorías”, una expresión que resume la dificultad para explicar su origen exacto. Solo la expulsión de la placenta detiene definitivamente el proceso, ya que el órgano desempeña un papel importante en la cadena de acontecimientos que conduce al síndrome. Cuando el trofoblasto, el tejido que conecta el embrión con la madre, no invade en profundidad el útero, las arterias espirales no se transforman como deberían y disminuye el aporte de oxígeno y nutrientes.

El artículo también apunta a diferencias genéticas que podrían haber hecho a los neandertales más vulnerables. Una variante del gen H19 se asocia con mayor riesgo de hipertensión y podría haber agravado los síntomas. Otras variaciones relacionadas con la interacción inmunológica entre madre y feto o con la regulación del oxígeno en los glóbulos rojos habrían aumentado la probabilidad de implantación superficial.

Además, cuando comenzó el cruce con *Homo sapiens*, la incompatibilidad entre genes de ambas poblaciones pudo generar conflictos en la oxigenación fetal.

Esa combinación de factores habría elevado las muertes maternas y perinatales en grupos pequeños, con poca diversidad genética, y habría debilitado aún más su continuidad demográfica.