Más allá de San Valentín: Un amor que florece cada día

Más allá de San Valentín: Un amor que florece cada día
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Más allá de San Valentín: Un amor que florece cada día

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Pasado el día de San Valentín, es un buen momento para reflexionar sobre esta celebración. Mientras algunos sienten alivio al pensar que falta un año para la próxima, otros lamentan no haberlo celebrado en pareja. En los supermercados, los precios de flores y bombones bajan, los restaurantes recuperan mesas libres y las joyerías esperan una disminución en las ventas. El amor romántico parece desaparecer, eclipsado por el inminente Carnaval, tradicionalmente una celebración del sexo, pero no necesariamente del amor.

La tontería de un día para el amor

Esta situación invita a pensar en lo absurdo de dedicar un solo día a demostrar el cariño. El amor, como el dinero, no puede ocultarse. Se manifiesta en cada gesto, mirada y sonrisa, en el día a día, minuto a minuto. Implica pensar en la felicidad del otro, ayudarle, cuidar de su salud y bienestar.

El amor se expresa en mimos, caricias, besos, pequeños detalles como traerle algo que le gusta de la compra, cocinarle algo que le apetece, compartir una foto bonita o regalar una flor sin motivo aparente. Es compartir noticias, música, películas, regalar un libro o invitar a cenar en un nuevo lugar.

El amor en la cotidianidad

El amor es un continuo de atención, solidaridad, alegría, penas compartidas, planes que a veces no se cumplen y momentos inesperados de felicidad, como compartir un bocadillo o dar un paseo por el parque. Estas atenciones no se limitan a la pareja, sino que pueden extenderse a amigos, vecinos, compañeros de trabajo e incluso desconocidos.

El origen de la celebración

El 14 de febrero se conmemora a San Valentín de Roma, un sacerdote cristiano del siglo III que realizó conversiones y casó parejas en contra de las leyes del emperador Claudio II. Fue ejecutado y luego proclamado mártir. En 494, el Papa Gelasio I lo santificó y fijó su fecha el 14 de febrero.

De las Lupercalia a San Valentín

Se dice que la celebración de San Valentín como patrono de los enamorados surgió del intento cristiano de borrar fiestas paganas, como las Lupercalia, celebradas en Roma entre el 13 y el 15 de febrero. Estas festividades, consagradas al dios Fauno y a la loba capitolina, incluían sacrificios de cabras y danzas desnudas alrededor del Palatino, golpeando a la población con pieles de cabra. Era un rito para estimular la fecundidad femenina. Los cristianos de la época no veían con buenos ojos estas fiestas y decidieron superponer la celebración de San Valentín, exaltando el amor romántico, no sexual.

Fue el mismo Papa Gelasio I quien prohibió la celebración de las Lupercalia.

La evolución de San Valentín

La historia de San Valentín es larga. En el siglo XV, el duque de Orleans envió una carta de amor a su esposa citando al santo, pero no hay constancia de una celebración generalizada.

En los países anglosajones, la tradición de las “Valentines” comenzó en el siglo XVIII con pequeñas tarjetas de amor enviadas anónimamente. Con el tiempo, se popularizó el envío de flores, bombones y otros detalles. En el siglo XX, el consumismo se apoderó de la festividad, promoviendo la idea de que “si la quieres, le regalas cosas”.

En España, Galerías Preciados impulsó los regalos de San Valentín para incentivar las compras en febrero, un mes de bajas ventas.

¿Un regalo o un gesto sincero?

En los años setenta, la “medalla del amor” fue un éxito, pero algunos olvidaban haberla regalado el año anterior. Hoy en día, muchas parejas sufren buscando el regalo perfecto, mientras que otras se sienten solas por no tener a quién regalar. Algunos incluso se engañan a sí mismos, eligiendo a alguien que no les importa para celebrar el día.

¿No sería mejor, en lugar de comprar un regalo una vez al año, ser cariñoso todos los días, dejar una nota, regalar una flor silvestre, dar un beso sorpresa o decir algo bonito y sincero? Eso sería un verdadero San Valentín, uno que duraría mucho más que un día de febrero.