El relevo del ‘peliqueiro’ de Laza: una tradición gallega que evoluciona

El relevo del 'peliqueiro' de Laza: una tradición gallega que evoluciona
Imagen de archivo: https://www.eldiario.es/

El relevo del 'peliqueiro' de Laza: una tradición gallega que evoluciona

Foto: Archivo – Todos los derechos reservados

En la localidad orensana de Laza, el Domingo de Estrea amanece con el sonido de los “peliqueiros” que despiertan a los vecinos. Poco a poco, las casas se llenan de personas preparándose para vestir los trajes, participando en un ritual centenario que ha resistido el paso del tiempo.

Si bien las tradiciones en los pueblos suelen ser inmutables, la de Laza presenta algunas variaciones. Desde hace décadas, las mujeres visten el traje de “peliqueiro” con mayor frecuencia, los colores de los trajes han experimentado ligeros cambios y se han incorporado nuevos materiales para aligerar su peso. Este año, la participación se amplía con la primera “peliqueira” colombiana.

Danna Sofía, acompañada de sus padres, llega a casa de Cristina para vestirse junto a otros jóvenes. Algunos de ellos, como David, llevan participando en esta tradición desde su nacimiento. Danna, por su parte, siente los nervios propios de quien se enfrenta a un nuevo desafío. Su familia llegó a Laza desde Colombia en 2024 y sabe que este Entroido representa un paso importante en su integración. Cristina la viste con cuidado, brindándole apoyo para la jornada que le espera.

La presencia femenina en el Entroido de Laza

La arqueóloga Nieves Amado, oriunda de Laza, señala que la primera mujer en vestir el traje de “peliqueiro” se documentó en 1955. “Fue una pequeña revolución, pero fue aceptada. A partir de ahí, hubo más mujeres, aunque no muchas, pero en todas las generaciones hay alguna con más carácter”, comenta sobre un rol que exige fortaleza física y responsabilidad.

A finales de los años 70, el número de “peliqueiras” comenzó a aumentar, aunque tímidamente. Si bien las niñas que visten el traje están totalmente aceptadas, al llegar a la adultez suelen dejarlo.

Silvia Castro, quien vistió el traje de los cuatro a los catorce años, cuenta que en algunas familias se valora más que los hombres lo lleven. En su experiencia, recibió comentarios como “llévalo como un hombre”, reflejando la resistencia al cambio de algunos sectores. Sin embargo, Silvia confía en que las mujeres de las nuevas generaciones animarán a sus hijas a vestir el “peliqueiro”.

Noa Sobrino, a través de su proyecto en redes A Peliqueira (@apeliqueira), investiga y divulga la celebración con perspectiva de género. En sus charlas, plantea el debate sobre cuestionar la tradición, asegurando que no implica ponerla en peligro. Amado coincide con ella desde una perspectiva etnográfica: “Una máscara es una máscara, el género da igual, cuando la llevas cambias de identidad. Vestir un ‘peliqueiro’ implica la transformación de la persona. Ellos son propietarios del traje, pero no de la identidad del personaje. La identidad del ‘peliqueiro’ no te pertenece, le pertenece al pueblo”.

Democratización del traje

Otro cambio importante en la celebración, ligado al relevo generacional, ocurrió a finales de la dictadura franquista. Con el retorno de los emigrantes gallegos, el número de “peliqueiros” en Laza se multiplicó. Anteriormente, adquirir un traje, cuyo precio oscila entre los 2.000 y los 5.000 euros, era impensable para la mayoría de los habitantes.

Tras la vuelta de los emigrantes, el poder adquisitivo aumentó y muchos destinaron sus fondos a comprar trajes para la familia, según relata Amado. Este fenómeno democratizó el traje, impulsando una tradición que ya había sobrevivido a la represión cultural de la dictadura.

Hoy en día, los tiempos han cambiado y evolucionado. Los “peliqueiros” son más accesibles y se están abriendo las puertas a variaciones que antes eran impensables.

Este Domingo de Estrea resuenan los “chocos” de Danna y de otras mujeres, y tras horas corriendo, el traje de la nueva “peliqueira” ya no pesa tanto como al amanecer. La tradición no se rompe cuando se transforma, sino cuando deja de vivirse. En este Entroido, Laza demuestra que su celebración no es una reliquia inmóvil, sino una tradición que sigue creciendo con quienes la hacen suya.