Las voces del pueblo que anegó el pantano de La Baells: “Me da pena no poder enseñar a mis nietos dónde crecí

Las voces del pueblo que anegó el pantano de La Baells: "Me da pena no poder enseñar a mis nietos dónde crecí
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Las voces del pueblo que anegó el pantano de La Baells: "Me da pena no poder enseñar a mis nietos dónde crecí

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Cincuenta años después de la inauguración del pantano de La Baells, los antiguos vecinos de Sant Salvador de la Vedella recuerdan su traslado forzoso. Juanita Fernández prefiere ver el pantano lleno para evitar contemplar los restos de su pueblo natal, sumergido tras la construcción del embalse. “Ver el sitio donde habías jugado y vivido reducido a una explanada de barro me produce una sensación rara”, confiesa esta mujer de 71 años. El pantano, que actualmente está al máximo de su capacidad, cumple este martes medio siglo desde su inauguración.

En los últimos años, la sequía vació el pantano por completo, permitiendo a algunos antiguos vecinos regresar a lo que fue su hogar. Sin embargo, Carmina Iglesias, de 82 años, otra exhabitante del pueblo inundado, admite: “Para mí, bajar a San Salvador era un trauma. Sinceramente, prefiero que el agua lo tape todo”.

La construcción del pantano y el desplazamiento de la población

La Baells, inaugurado en febrero de 1976, fue el último embalse cuya construcción ordenó el franquismo en Cataluña. El objetivo principal era regular el caudal del río Llobregat y asegurar el suministro de agua, especialmente al área metropolitana de Barcelona. La obra forzó el desplazamiento de más de 300 familias y la creación de un nuevo núcleo urbano, Sant Jordi de Cercs.

Todas las casas y edificios fueron demolidos, a excepción del antiguo monasterio, construido en el siglo IX por monjes benedictinos. “Me da pena no poder enseñar a mis nietos el lugar donde crecí”, lamenta Juanita. El santuario es el único elemento que aún es visible, elevándose por encima de la cota máxima del embalse.

Sant Jordi de Cercs: el nuevo hogar

Sant Jordi de Cercs, donde ahora viven muchos de los antiguos habitantes, es uno de los municipios más nuevos de Cataluña. Construido para ofrecer un hogar a los vecinos de Sant Salvador, destaca por la uniformidad de sus viviendas. “No se puede comparar Sant Salvador con Sant Jordi”, señala Josep Ramón López, excura de Sant Salvador de la Vedella. “El entorno físico y la forma de vivir eran completamente diferentes”.

Romà Fernández, hermano de Juanita, extraña el río, las montañas y la cercanía entre los vecinos. “Cuando sueño por las noches, siempre lo hago con Sant Salvador. Nunca he soñado con Sant Jordi”, confiesa. “Ibas de una casa a otra porque todas las puertas estaban abiertas. Ahora, si te cruzas a alguien por la calle, a veces ni siquiera le saludas porque no le conoces”.

Oportunidad y nostalgia

A pesar de la nostalgia, muchos vecinos vieron en el traslado una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida. “Realmente, aquí hemos ganado calidad de vida. Tenemos más sol y servicios que antes no teníamos”, admite Romà Fernández. “En Sant Salvador respirábamos todo el humo de la central térmica y siempre había polvo de la fábrica de cemento. Además, todo el pueblo estaba lleno de cables”. Juanita comparte esta opinión: “Mirándolo con perspectiva, estamos mejor aquí. Pienso que, con el tiempo, muchos de los pisos de Sant Salvador hubieran tenido problemas de aluminosis por la humedad del entorno. Además, no creo que el pueblo hubiese resistido a las lluvias torrenciales de 1982”.

El proceso del traslado y la lucha por un nuevo pueblo

En la década de los sesenta, el rumor de la construcción del pantano se extendió por Sant Salvador de la Vedella. En 1971, el entonces alcalde, Ignasi Camps, anunció oficialmente el proyecto. Inicialmente, se planeó trasladar a los habitantes a Berga, pero los vecinos se negaron, buscando mantener su identidad como pueblo. Lucharon para que el Ayuntamiento de Cercs financiara la construcción de un nuevo núcleo urbano.

Para canalizar esta demanda, el alcalde Camps creó un Patronato Local de Vivienda. “Teníamos tres opciones. Podíamos oponernos, aceptar las indemnizaciones y marcharnos a Berga, o buscar una solución conjunta. Y finalmente optamos por esta tercera vía, que consistía en construir un nuevo pueblo en algún lugar cercano”, explica el exsacerdote López, quien también formó parte del Patronato. El organismo gestionó las expropiaciones y la elección del nombre del nuevo municipio. De las 313 familias del pueblo, solo 9 se mostraron en contra del traslado.

Incertidumbre y dificultades en los primeros años

El traslado, iniciado en 1977, se prolongó durante casi dos años. Las familias que vivían en las cotas más bajas fueron las primeras en marcharse, pero las que tenían sus casas en zonas más altas apuraron hasta el último momento. Carmina y sus hijos fueron de los primeros en instalarse en Sant Jordi de Cercs. “Al principio lo pasamos mal. No había ni luz, ni aceras, ni médico, ni comercios, todo era barro”, dice.

El ambiente comunitario de Sant Salvador

Todos los antiguos vecinos de Sant Salvador de la Vedella coinciden en destacar el ambiente de las calles, la vida social y el fuerte sentimiento de comunidad. El pueblo contaba con dos cines y varios bares donde se realizaban numerosos conciertos. Cada año se celebraba la fiesta mayor, en la que se bailaban danzas tradicionales y se comían caracoles. “Lo que más echo de menos es la unión que había entre los vecinos. Nos conocíamos todos y siempre nos ayudábamos”, evoca Juanita.

Buena parte de las familias habían llegado en la década de los cuarenta desde distintos puntos de España para trabajar en la minería. Ese origen compartido como emigrantes generó un fuerte sentimiento de unión y comunidad entre los vecinos.

La vida económica y las industrias del pueblo

La vida económica del pueblo giraba en torno a las minas de carbón, la fábrica textil, la central térmica y la fábrica de cemento. También había varios comercios pequeños. De todos ellos, solo uno se mantiene en pie en el nuevo pueblo de Sant Jordi de Cercs: la “Carnisseria Comellas”.

La iglesia románica: una promesa incumplida

Una de las espinas que sigue clavada en la memoria de los antiguos habitantes es el traslado de la fachada de la iglesia románica original, construida en el siglo XI, al nuevo municipio de Sant Jordi de Cercs. El Ayuntamiento había prometido reinstalarla, pero el proyecto nunca se llevó a cabo y algunas de las piedras se perdieron.

Un legado de transformación y memoria

Con el paso de los años, el embalse de La Baells se ha integrado en el paisaje y en la rutina diaria de los vecinos. Una infraestructura que garantizó agua para miles de personas pero que transformó para siempre la vida de las 313 familias que perdieron el lugar donde habían construido toda una vida. “El proceso fue duro a nivel emocional, pero intentamos que fuese lo menos traumático posible manteniéndonos como comunidad”, concluye el excura López.