
El PSOE y los errores de alimentar la disidencia interna
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El Partido Popular inició la semana agitando el fantasma de un posible desastre natural, preguntando al Gobierno si podía garantizar que ninguna presa “reviente” en España. Esta táctica, sumada a la propuesta de prohibir el burka y el niqab (prendas prácticamente inexistentes en el país), parece diseñada para desestabilizar y polarizar el debate político.
Autocrítica interna: un arma de doble filo
Este tipo de estrategias por parte del PP podrían ser una oportunidad para que el PSOE se centre en sus propios errores y evite caer en la trampa de denunciar constantemente a sus críticos internos. Sin embargo, recientes declaraciones de algunos de sus miembros han avivado aún más la llama de la discordia.
El ministro Óscar López, por ejemplo, culpó al fallecido Javier Lambán del fracaso electoral de Pilar Alegría en Aragón, acusándolo de no haber hecho “oposición a Azcón”. Estas palabras generaron un fuerte rechazo entre los socialistas aragoneses, quienes defendieron la figura de Lambán. Tanto Alegría como Félix Bolaños se desmarcaron de las declaraciones de López, pero el daño ya estaba hecho.
Felipe González: un “divorcio” anunciado
Otro episodio que ha sacudido al PSOE es la decisión de Felipe González de votar en blanco en las próximas elecciones. Algunos dirigentes, como el ministro Ángel Víctor Torres, le han instado a abandonar el partido. Esta reacción, sin embargo, solo ha servido para alimentar la imagen de división interna que tanto beneficia a la derecha.
Es irónico que el PP, que en su momento consideró a González un peligro para la democracia, ahora lo elogie. Si algún dirigente popular se atreviera a criticar públicamente a la dirección del partido como lo hace el expresidente socialista, probablemente sería rápidamente apartado.
Page y la disidencia “protegida”
La postura crítica de Emiliano García Page, presidente de Castilla-La Mancha, respecto a la línea oficial del PSOE es conocida. Recientemente, sus posiciones sobre la financiación autonómica se acercaron a las del PP. Mientras siga ganando elecciones, Page goza de una cierta protección, pero al PSOE no le interesa que se le perciba como líder de un sector disidente.
Por eso, fue un error que la secretaria de Organización del partido acusara a Page y a sus seguidores de “comprar el discurso de la derecha”. Esta acusación solo ha servido para alimentar una nueva ola de críticas por parte de los dirigentes de Castilla-La Mancha.
Indisciplina y códigos internos
Los partidos políticos suelen castigar la indisciplina interna, aunque la valoración de la misma es subjetiva. Lo que ningún partido necesita es que se forme una disidencia interna que sirva como punto de encuentro para cualquier descontento con la línea oficial.
Si quien coordina la publicación de un manifiesto crítico es alguien como Jordi Sevilla, es probable que la dirección del partido no se preocupe demasiado. Sin embargo, los partidos deben tener en cuenta que las diferencias internas, cuando se hacen públicas, acaban perjudicándolos en las urnas.
Ignorar las protestas de los “abuelos” (dirigentes históricos) es, a menudo, la solución que genera menos tensiones.













