UN ACTOR DE REPENTE

UN ACTOR DE REPENTE
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UN ACTOR DE REPENTE

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Muchos personajes e historias merecen ser llevados al cine, desde un robo perpetrado por personas discapacitadas hasta la figura de Blas de Lezo o la vida de los artistas callejeros. Sin embargo, la vida real, sin focos ni guiones, también tiene su encanto.

Yo nací para protagonizar Dirty Dancing 2. Era el sustituto natural de Patrick Swayze. Hubiera sido un taquillazo, una nueva trama en el resort de los Kellerman´s, con más merengue, más amor y más “portés”, como llamamos los bailarines a levantar jóvenes a pulso.

Vidas de Película

En el cine están todas nuestras vidas. Daría lo que fuera por vivir en el ático de Carmen Maura en “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Me hubiera gustado echar una mano a Conan empujando la noria que le pusieron como castigo. Ojalá haberme emborrachado en el Café de Rick en “Casablanca” y siempre tener la frase perfecta, como él, en cada réplica. Amé a Ada en “El Piano”. Amé a Susie Diamond en “Los fabulosos Baker Boys”.

Fui Elliot en “E.T.”. Fui Vincent Vega en “Pulp Fiction”.

Pero aquí está mi vida. Sin cámaras, ni tragos largos, ni demasiadas aventuras. Sin escenas sexys saliendo de la bañera.

Sin persecuciones. Ni un largo beso justo antes de que salga en pantalla el “The End”. Y está bien así. Esta existencia sin focos, con su cotidianidad y sus prisas.

Con calzoncillos que aprietan y refresco sin gas en la nevera. Con cenas pendientes, con una moto que se ha quedado sin batería, con un vecino que pone la música demasiada alta, con carpetillas azules que guardan viejos documentos en las estanterías.

La Realidad Cotidiana

Esto soy. Tendrá que esperar Frances “Baby” Houseman a su próximo amor de verano. No seré yo.

Que estoy a otras cosas. A comprar cartulinas para unos trabajos del colegio que tienen que hacer mis niños. A ir a la ferretería a por una bombilla para el cuarto de baño. A despertarme cada mañana con entusiasmo por las cosas.

A superar las pérdidas. A no aguantar a demasiados impresentables. A ordenar mis libros, mi ropa, mis recuerdos. A cenar ligero.

A comprar buen vino. A vivir, como se vive en las películas, con emoción y sin miedos.