
NUEVO TITULO: "El barquer": Manrique revisita el conflicto del Ulster en el Teatre Lliure
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Julio Manrique regresa a la obra de Jez Butterworth con “El barquer” (“The Ferryman”), seis años después de dirigir “Jerusalem”. La obra, que se presenta en el Teatre Lliure de Barcelona, cuenta con una duración de tres horas y media y un elenco de diecinueve intérpretes.
Este texto multipremiado, que incluye galardones del Evening Standard, el Círculo de Críticos de Teatro, los Laurence Olivier y cuatro premios Tony, fue un éxito de taquilla en el Royal Court de Londres cuando Sam Mendes la estrenó en 2017.
Un día en el Ulster: Conflicto familiar y político
“El barquero” de Butterworth se sitúa en el condado de Armagh en 1981, en plena época del conflicto del Ulster. La trama se desarrolla durante el “Día de la Cosecha”, en el que Quinn Carney y su esposa Mary celebran con su numerosa familia. Entre ellos se encuentran siete hijos, el tío Patrick, la tía Maggie, Caitlin (cuñada de Quinn) y su hijo Osin.
La ausencia de Seamus, el marido de Caitlin, “desaparecido” en 1971, pesa sobre la celebración.
Una década después, su cadáver aparece con un disparo en la cabeza. Este hallazgo coincide con la huelga de hambre de diez presos del IRA, liderados por Bobby Sands, quienes demandan el estatus de prisioneros de guerra, petición denegada por Margaret Thatcher.
El pasado emerge y desestabiliza
El descubrimiento del cuerpo de Seamus remueve un pasado que los Carney intentaban anestesiar, un pasado que solo la tía Pat recordaba. La obra entrelaza el conflicto colectivo con el drama familiar. Manrique dirige con maestría a los personajes, marcados por la tragedia, en una línea cercana a la de Arthur Miller.
En la trama se desvelan secretos y tensiones: el cacique que silencia las circunstancias del asesinato de Seamus, el sacerdote que colabora en la manipulación de la información, la relación conyugal de Quinn y Mary, perturbada por la presencia de la atractiva cuñada, la sed de venganza de la tía Pat y el desafiante Shane, y la memoria que encarnan el tío Pat y la tía Maggie.
Realismo y evocación
La escenografía de Lluc Castells logra alternar el realismo de la vida rural con la evocación de los espíritus ancestrales.
La tía Maggie rompe un silencio aparente para anunciar la irrupción de la violencia.
Veinticuatro horas después de brindar por la vida, Caronte espera a la familia Carney, reflejo de la guerra del Ulster. Manrique ha logrado llevar a escena la trágica travesía de esta familia.












