La odisea de emanciparse en Santiago: subarriendos, pisos en mal estado y feroz competencia

La odisea de emanciparse en Santiago: subarriendos, pisos en mal estado y feroz competencia
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La odisea de emanciparse en Santiago: subarriendos, pisos en mal estado y feroz competencia

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La emancipación, un anhelo que se dilata más allá de los 30 años en Santiago de Compostela, se topa con una realidad implacable: subarriendos sin contrato, viviendas en condiciones precarias y una competencia feroz por cada inmueble disponible.

Aunque la Xunta de Galicia ofrece ayudas para la compra de muebles y enseres a jóvenes menores de 36 años, la independencia sigue siendo una utopía para muchos.

Un problema extendido

La edad media de emancipación en España se sitúa en los 30,3 años, según datos de Eurostat de 2025. Sin embargo, los jóvenes se enfrentan a precios excesivos, una oferta limitada de viviendas y una regulación que consideran insuficiente.

Esta problemática, que afecta a grandes urbes como Madrid o Barcelona, también se extiende a ciudades intermedias como Santiago de Compostela, donde confluyen jóvenes que buscan independizarse, estudiantes universitarios y la presión del turismo.

La frustración de la búsqueda

Para muchos, encontrar un piso en Santiago se ha convertido en un auténtico viacrucis. José Miguel (nombre ficticio), de 30 años, relata la dificultad de encontrar un lugar propio a pesar de tener un buen trabajo.

Tras vivir dos años en Barcelona, regresó a Santiago con la esperanza de encontrar un mercado inmobiliario más favorable, pero se topó con la misma realidad: precios elevados y escasez de oferta.

De los pisos que ha visitado, algunos son subarriendos ilegales y otros exigen nóminas inalcanzables. La opción de vivir solo se vuelve inviable, ya que el alquiler consume más del 50% del salario para jóvenes entre 30 y 34 años.

Precios al alza y demanda insatisfecha

Los precios en Santiago han aumentado un 10,9% en 2025, según un informe de Fotocasa. La demanda supera a la oferta, mermada por la proliferación de alquileres vacacionales, a pesar de la regulación local de viviendas de uso turístico (VUT).

Condiciones precarias y caseros que miran hacia otro lado

Kenlly, una estudiante colombiana, denuncia las dificultades que enfrentan los migrantes para acceder a una vivienda en Santiago. Muchos propietarios exigen requisitos difíciles de cumplir para quienes vienen como estudiantes y, en muchos casos, se niegan a formalizar contratos.

Las condiciones de las viviendas también son un problema. Kenlly relata que vive en un piso barato, pero con problemas de humedad y frío que el casero ignora.

Sofía, otra residente de Santiago, describe su experiencia: “Vivo más o menos céntrica y pago 410 euros, algo que no se encuentra ahora mismo. Pero se me inundó el piso hace dos años y sigo con las puertas y muebles hinchados. Simplemente me he acostumbrado a hacer como que no pasa nada”.

La dificultad de hacer un hogar

Sofía se pregunta si realmente puede llamar hogar a un piso donde no puede colgar cuadros ni invertir en mejoras por temor a ser desalojada. La situación inmobiliaria limita su capacidad de imaginar un futuro habitacional mejor y la obliga a conformarse.

Críticas a las medidas gubernamentales

Tanto Sofía como la Xuntanza Pola Vivenda Compostela coinciden en la insuficiencia de las medidas gubernamentales para abordar la crisis de la vivienda. Consideran que las ayudas al alquiler son parches que no solucionan el problema de fondo.

La Xuntanza Pola Vivenda Compostela critica las políticas que “premian fiscalmente a los propietarios para que continúen acumulando rentas” y defiende la necesidad de una organización popular y una presión social para garantizar el derecho a la vivienda.

El Ayuntamiento de Santiago solicitó la declaración de zona tensionada, pero la Xunta rechazó la petición por motivos políticos, según el concejal de urbanismo.

Comprar: una competencia voraz

Comprar una vivienda en Santiago también es una tarea difícil. En diciembre de 2025, el metro cuadrado costaba de media 2.105 euros, un 3,8% más que el año anterior, según datos de Idealista.

Lucía, de 31 años, lleva un año buscando piso sin éxito. Se considera “un poco privilegiada” por poder plantearse la compra, pero reconoce que es muy difícil ahorrar y obtener una hipoteca.

“En el momento que ves un piso y te interesa, empieza una sensación de cuenta atrás. Hay tan poca oferta que la gente se convierte en buitres”, afirma Lucía.

Las alertas de portales inmobiliarios dirigidas a inversores son frecuentes, lo que demuestra que la vivienda se ha convertido en un bien de inversión más que en un lugar para vivir.

Un futuro incierto

En 2025, solo el 30% de los jóvenes entre 30 y 34 años tenían una vivienda en propiedad, según un informe de Fotocasa Research.

Sofía resume la situación: “Muchas veces la única razón por la que sigues viviendo con tu pareja es para compartir gastos”. Ella no aspira al ideal de familia tradicional, sino a construir una comunidad con sus amigas. Sin embargo, la realidad se ve limitada por las condiciones materiales, que impiden decidir activamente dónde vivir.