
Monseñor Saiz Meneses analiza los retos y la pasión en el inicio de la Cuaresma
Con el inicio de una nueva Cuaresma, un tiempo que califica como “único e irrepetible”, el arzobispo de Sevilla, monseñor Don José Ángel Saiz Meneses, se prepara para vivir su quinta Semana Santa en la ciudad. Desde su llegada, ha experimentado una “inmersión poderosa” en la intensa religiosidad sevillana, hasta el punto de sentirse ‘muy encajado, muy integrado’ en lo que describe como su ‘hábitat’. A pesar de que en su juventud en Barcelona no existían procesiones de esta magnitud, asegura vivir esta realidad ‘con mucha naturalidad y disfrutando mucho, y en medio del pueblo de Dios’.
El prelado subraya que acompañar la liturgia y la piedad popular es parte de su ‘deber como pastor diocesano’. Para explicar su conexión con este sentir, utiliza una analogía: ‘lo que es importante para un niño o una niña, es importante para el padre y la madre’.
De este modo, lo que es fundamental para los fieles sevillanos, ‘siendo una cosa buena, muy buena
‘, también lo es para él sin que le suponga ‘un sacrificio’.
Uno de los fenómenos más debatidos en la actualidad es el crecimiento constante que experimenta la Semana Santa en todas sus dimensiones: nazarenos, costaleros, músicos y público. Este auge plantea un reto logístico y organizativo que genera un intenso debate en la ciudad sobre la posible necesidad de establecer límites.
Reconoce que ‘opiniones hay para todos los gustos’, desde quienes creen que la situación es ‘inviable’, hasta quienes se preguntan: ‘¿cómo le vas a impedir a un nazareno que haga su estación de penitencia, que es el momento más especial del año?’.
El arzobispo considera que este es un tema que deben regular principalmente los laicos, a través del Consejo de Hermandades y Cofradías, y que su intervención como arzobispo solo se produciría ‘si hubiese un momento de especial gravedad’. Confía en la capacidad de las hermandades para organizarse y dar respuesta a los retos que se presentan, aunque admite que si la situación no se soluciona ‘pues entonces, ya lo estudiaremos y buscaremos una solución’.
Paralelamente, ha crecido el número de solicitudes de salidas extraordinarias, lo que ha generado ‘cierto malestar’ en algunas hermandades a las que se les ha denegado el permiso. El arzobispo explica que su labor es aplicar la normativa existente, que especifica las ocasiones que justifican una procesión de este tipo.
‘Procuramos hacerlo con toda la equidad posible; siempre nos podemos equivocar, pero tratando a todo el mundo igual’, asegura.
Saiz Meneses es consciente de la paradoja, ya que la queja más habitual era precisamente la contraria: ‘que hay demasiadas extraordinarias’. Para gestionar este ‘ciclo después de la pandemia’ en el que hay un gran deseo de ‘hacer cosas y salir mucho’, se ha creado el Observatorio de la Piedad Popular, una iniciativa que ‘promete’ y que busca analizar la realidad para ‘no funcionar a remolque, sino anticiparnos’.
Uno de los hitos recientes en la archidiócesis fue la misión de la Esperanza de Triana en el Polígono Sur, una experiencia de la que, según el arzobispo, ‘ya los frutos los veíamos, y seguirá dando fruto’. Destaca el impacto espiritual, litúrgico y, especialmente, el social y caritativo, con la obra social que permanece. El traslado de la imagen por las calles del barrio fue, en sus palabras, ‘impresionante’.
De aquella misión, monseñor Saiz Meneses guarda un recuerdo especialmente grabado.
‘Yo me fijo mucho en las miradas’, confiesa, y relata cómo al inicio de la procesión un par de señoras caminaban hacia atrás para no perder de vista a la Virgen y, al final del recorrido, ‘serían 70 u 80 personas que iban cangrejeando, andando hacia atrás, contemplando la Esperanza’.
Esa imagen le impactó profundamente, así como la presencia de ‘muchos jóvenes’. Compara esas miradas con las que vio durante los traslados del Señor del Gran Poder a barrios periféricos, rostros en los que ‘no hay reproches, no hay malas caras’, sino ‘ternura y amor y devoción filial’. Aunque la Eucaristía es siempre ‘el momento central’, ese recuerdo de la gente con ‘los ojos fijos en la virgen’ es lo que más le llamó la atención.
Monseñor ya penso durante la misión del Gran Poder que era probable ‘que se repitiera de tanto en tanto’. No obstante, advierte de la necesidad de prudencia y medida.
‘Tampoco hay que abusar’, recalca, explicando que estas misiones deben ir acompañadas de una ‘obra social también importante’. Se trata, por tanto, de encontrar ‘la medida oportuna’ y no caer en una imitación indiscriminada.
El arzobispo observa ‘con dolor’ las divisiones que a veces se generan durante los procesos electorales en las hermandades, con la proliferación de múltiples candidaturas. Considera que estas situaciones van ‘en contra de lo que es la esencia de las hermandades’. Si bien respeta que haya distintas formas de pensar, insiste en que, una vez celebradas las elecciones, ‘todos hay que hacer piña, y todos unidos’.
Recuerda que los pilares de una hermandad son ‘cultos, formación y caridad’, con la evangelización como una ‘línea transversal’.
Todo ello debe vivirse en una actitud de conversión y búsqueda de la santidad personal, lejos de ‘conflictos’. El cargo de Hermano Mayor, subraya, debe entenderse como ‘un servicio, no puede haber actitud de dominio ni vanidad, sino humildad y sencillez’.
‘¿Hay alguien en el mundo a quien no le sorprendiera?’, se pregunta el arzobispo. Considera que, aunque ‘aquello fue un poco fuerte’, la historia ‘ha acabado bien’. En aquel momento, no consideró necesario intervenir directamente, pues su papel solo se activa en una ‘situación excepcional’, ya que él es el ‘responsable último’.
Tras un cabildo de la Hermandad, publicó un tuit con una cita del poeta Alexander Pope que tuvo una enorme repercusión y que resume su filosofía ante estos conflictos: ‘Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios’.
A continuación, añadía un llamado a la unidad: ‘María santísima de la Esperanza Macarena quiere que ahora estemos unidos como hijos suyos’.
A las puertas de la Semana Santa, y tras el susto por el desprendimiento de una azucena de la Giralda, transmite tranquilidad sobre las obras en la Catedral, elogiando el trabajo ‘muy bueno’ y el celo del Cabildo. Finalmente, lanza su mensaje para la Cuaresma, pidiendo a los fieles vivirla con intensidad para recibir más fruto espiritual en la Pascua.
El prelado recomienda las prácticas tradicionales de la Iglesia. En primer lugar, ‘intensificar la oración’, yendo a misa, leyendo la Palabra de Dios o rezando el rosario en familia. En segundo lugar, el ayuno, que no debe ser solo material, sino también de aquellas cosas ‘perfectamente prescindibles’ que saturan la vida moderna, como ‘televisión, de móviles, de tablets’.
Por último, la ‘limosna’, entendida como ‘solidaridad’ y ‘caridad’.
Esto implica compartir los bienes materiales, pero también el tiempo y el afecto con quienes más lo necesitan. Menciona a los ancianos que, incluso en residencias ‘muy bien acondicionadas’, pueden sufrir una profunda soledad. ‘Cuaresma es tiempo de compartir, de estar pendiente de los demás, y es un tiempo de dejarnos cambiar el corazón, de dejarnos convertir por el Señor’, concluye, recordando que todo el camino de la fe ‘acaba en la resurrección, que es lo importante’.













